Un insulto a la democracia: la realidad de la farsa independentista del 1-O (III)

  • Cataluña
  • 01-10-2018 | 07:10
  • Escribe: Daniel Guerra

Todo fue un paripé: sin censo, sin papeletas, sin junta electoral y sin controles de ningún tipo. ¡Menuda chapuza!


La Generalitat de Cataluña presentó, tras el patético amago de referéndum del 1-O convertido en la mayor chapuza que se recuerda, unos resultados cuanto menos chistosos, por no emplear adjetivos más hirientes… Jordi Turull, portavoz del Govern, afirmó que se habían contabilizado más de 2’2 millones de votos sobre un censo de 5’3 millones de personas. Es decir, según la Generalitat su farsa tuvo una participación del 42% de la población.

Una participación tan lamentable reflejaba que una gran mayoría de los catalanes no se tragaron la pantomima de Puigdemont y compañía, por más que desde el Govern trataron de hacer ver que el problema había estado en que los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado habían intervenido para evitar la votación. Con estas cifras pretendían proclamar la independencia de la República Catalana y pasar de los más de tres millones de personas con capacidad para votar que ni se molestaron en hacerles caso.


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¿Seguro que votó un 42% de la población?

Es difícil de creer que un 42% de los ciudadanos con capacidad de voto en Cataluña ejercieran su ‘derecho’ teniendo en cuenta que estos datos están totalmente corruptos debido a la total ausencia de controles a la hora de votar. Y es que la votación careció de garantías legales, un hecho que quedó demostrado por varias personas que pudieron votar en diferentes colegios electorales sin ser identificados. ¡De república bananera!


Para muestra un botón: la pareja de Manuel Valls, actualmente candidato a la alcaldía de Barcelona, fue una de las personas unionistas que puso a prueba la legalidad del referéndum. Susana Gallardo se paseó por diversos puntos de votación, como puedes ver en el siguiente vídeo, y demostró la farsa que fue el referéndum del 1-O: sin censo, sin papeletas, sin una junta electoral, con los ordenadores fuera de juego y con los votantes diciendo sí a la independencia en cualquier colegio y todas las veces que hiciera falta.



El censo y el recuento de los votos, otra chapuza

El Govern fue incapaz de explicar el origen del censo, que no se pudo revisar, ni tampoco el método que se empleó para el recuento de los votos, igualmente sin garantías. Según los datos definitivos, que nos podemos imaginar de dónde salieron realmente, el sí a la independencia obtuvo un 90% de los votos frente al 7% del no (personas engañadas que pensaron que la votación tendría algún tipo de validez y actuaron de buena fe) y el 3% de votos nulos o en blanco. Como quien dice solo votaron los independentistas y aun así se encontraron con votos en contra

Según la Generalitat, el 96% de los colegios electorales se abrieron, pero aun así Turull, actualmente encarcelado por participar en la organización de la farsa ilegal de hace un año, afirmó que 670.000 personas censadas se quedaron sin votar por la acción de las fuerzas y cuerpos de seguridad españoles. Obviaba el amigo Turull, al que deseamos una bonita estancia entre rejas, que sus colegas indepes podían votar sin ningún control en cualquier colegio electoral. En cualquiera de los casos, no nos salen las cuentas.

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En cualquier votación legal, el recuento de los votos se hace desglosado por provincias, comarcas o municipios y el escrutinio se va conociendo poco a poco. No fue así en Cataluña, donde de golpe nos dijeron que el 95% de los catalanes decían sí a la independencia, superando el porcentaje de votos publicados el 100%. Un cachondeo que hizo que el independentismo fuera la risión de toda España. Y no solo en nuestro país, también cruzando nuestras fronteras.

¿Qué celebran hoy los independentistas?

Después del enorme ridículo a nivel internacional que hizo el independentismo catalán, este 1 de octubre celebrarán el primer aniversario de aquel día. Todo fue una mentira y no sirvió para nada, por mucho que nos quieran tomar el pelo, pero todavía tendrán las narices de festejar el 1-O como si fuera un homenaje a la democracia, cuando la realidad es que lo que pasó no fue precisamente democrático. Más bien todo lo contrario. Aquel día quedará marcado para siempre como uno de los días más negros en el calendario de la historia de España y Cataluña.

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