Un hombre lleva seis años haciendo 'simpas' en Zaragoza: hecha la ley, hecha la trampa

Un hombre lleva seis años haciendo 'simpas' en Zaragoza: hecha la ley, hecha la trampa

23/03/2022

| Enrique Sanz

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El acusado se aprovecha de una laguna legal para continuar actuando de esta manera

La picaresca española es una de las cualidades que nos definen como pueblo, conocida a lo largo y ancho del planeta y que resulta una fuente, en ocasiones, de orgullo patrio cuando nos encontramos fuera de nuestro país. La habilidad para salir de situaciones apuradas usando remedios y soluciones más que inverosímiles hace que todos y cada uno de nosotros llevemos un pequeño Lazarillo de Tormes en nuestro interior. Pero cuando ese Lazarillo pasa de robarle uvas a un anciano y empieza a estafar a trabajadores honrados, el cuento cambia para mal.

Un 'simpa' profesional que esquiva la cárcel

Esta situación es la que viven los hosteleros de Zaragoza, acosados por un pícaro cliente que disfruta de los servicios de los restaurantes de la ciudad pero que los abandona sin abonar el pago correspondiente a su comida. Antonio Miguel Grimal es un viejo conocido de la Policía de la capital aragonesa por su afición a disfrutar de copiosas comidas en restaurantes de la ciudad y negarse a pagar sus consumiciones. En ese momento, abandona el local. Si los honrados hosteleros a quienes está estafando deciden avisar a la Policía, este se muestra tranquilo y no tiene problemas en acompañar a los agentes a comisaría. Sin embargo, sus actitudes parecen estar cubiertas por una curiosa laguna legal para indignación de los sufridos dueños de los restaurantes zaragozanos.

Sin superar el límite de 400 euros, cifra que implicaría una pena de prisión de 6 a 18 meses, Grimal se aprovecha de que depende de una pensión no contributiva para evadir cualquier sanción posible y reducirla a castigos realmente irrisorios. Esta situación de ventaja le permite sacudirse la posibilidad de entrar en el sistema penitenciario a pesar de haber estado detenido por practicar 'simpas' el pasado mes de febrero. La Policía de Zaragoza lo detuvo nueve veces aquel mes. Su última salida de custodia policial ha sido hace apenas diez días, el 13 de marzo. 

Coincidiendo con su puesta en libertad, Grimal decidió celebrarlo por todo lo alto y acudió a un restaurante cercano, del cual se marchó sin pagar la cuenta, fiel a su reprochable estilo de vida. Aunque acumula 46 detenciones, Grimal parece demostrar con este acto que no tiene intención de detenerse y continuará explotando la laguna legal que, de momento, le mantiene fuera de prisión. Las únicas sanciones que se le imponen son la obligación de abonar la cuenta y una orden de alejamiento del local estafado.

Los restaurantes no pueden hacerle frente

Los hosteleros están cansados y horrorizados. Uno de los más afectados, Juanjo Gracia, se muestra especialmente indignado cuando se menciona en nombre de Antonio Miguel Grimal. Aunque muchos coinciden en que es "un jeta" y "un caradura", Juanjo Gracia se siente indefenso ante ataques a su negocio como este: "Yo le he dado bocadillos a gente que nos ha pedido por necesidad, pero... ¿esa chulería en mi puñetera cara? El problema es que, por mucho que le grabáramos con las cámaras de seguridad, no podemos difundir su imagen porque encima tendríamos un problema nosotros".

La situación se hace insostenible para los restauradores de la zona, que exigen a la Policía que detenga las actividades de Grimal de forma inmediata, puesto que se ha convertido ya en una seria amenaza para los restaurantes de la capital aragonesa.

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