TV3, la CUP y el Consell de la República conducen a Cataluña a nuevas elecciones

  • Cataluña
  • 01-04-2021 | 21:04
  • Escribe: Gonzalo Palacios




Va a ser difícil que la aritmética se dé en Cataluña para que ERC consiga investir a su candidato y pueda formar gobierno. Ahora mismo JxCat, el partido de Puigdemont, no cede en sus exigencias y, si no llega su aval el 26 de mayo, el independentismo y su irresponsabilidad conducirían a Cataluña a unas nuevas elecciones.

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El concepto de la democracia no parece suficientemente maduro entre las fuerzas independentistas catalanas, incapaces de supeditar los intereses particulares al bien colectivo. Puigdemont y su partido, JxCat, no se dan por enterados de que ERC obtuvo más votos que ellos en las últimas elecciones y que son ellos quienes deben adaptarse a sus exigencias y no al revés.

Puigdemont lo quiere todo

Pero Puigdemont (caudillo de la tercera fuerza política catalana) no cede. Lo quiere todo. Desea que mientras el nuevo Govern gestiona el día a día en Cataluña, su chiringuito del Consell de la República, con sede en Waterloo, dirija los destinos de la región en su camino hacia la independencia. Eso es innegociable para Puigdemont. Como innegociable es su pretensión de restar protagonismo a la CUP desactivando el acuerdo previo al que ha llegado con ERC. E innegociable es también que TV3 esté en otras manos que bno sean las suyas.



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Son tres puntos calientes que tienen un difícil negociación entre las dos formaciones, dado que ERC, sintiéndose la fuerza independentista más votada, no está dispuesta a ceder TV3, ni renegar de su acuerdo de izquierdas con la CUP ante la imposición de un partido de derechas, como esJxCAT, y mucho menos acepta dejar en manos de un descerebrado como Puigdemont el futuro de Cataluña teledirigido desde un Consell de la República que tiene mucho peligro. Incluso para el propio independentismo.



Un palmero de Puigdemont para TV3

Las condiciones de Junts pasan por quedarse Economía (con Elsa Artadi como consejera), Obras Públicas (con Damià Calvet como consejero), Educación (con Anna Erra de consejera) y el control de los medios, es decir, la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, que comprende TV3, Catalunya Ràdio y lo que cuelga de ellas. Incluso ya tiene decidido quién sería el presidente de la CCMA: José Antich, exdirector de La Vanguardia y actualmente al frente del portal Elnacional.cat, un descarado órgano propagandístico del independentismo muy bien subvencionado por Puigdemont y sus cortesanos para que pueda cumplir con sus intereses.

Antich y su condición de palmero incondicional de Puigdemont despierta tantas simpatías en las filas de JxCat como desconfianza entre las huestes de Oriol Junqueras.



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También ha trascendido que entre las exigencias de Puigdemont está la de acaparar el tema propagandístico quedándose la secretaría de Difusión, un  puesto importantísimo porque desde allí se reparten las subvenciones, los premios y los jamones a los medios de comunicación afines a su causa. Para ese cargo suenan el editor y el director de El Punt Avui: Joan Vall i Clara o Xevi Xirgo, respectivamente.

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Y ERC no va a ceder. Junqueras y su equipo no ignoran la importancia que tiene TV3 en Cataluña para consolidarse en el poder. Disfrutaron de esa tele durante el tripartito con el PSC de Maragall y los comunistas, pero perdieron el caramelo con Artur Mas y luego con Puigdemont. De hecho, Puigdemont mantiene sus índices de popularidad gracias a la cancha que le da TV3 y su audiencia millonaria. 

Y Junqueras no va a claudicar. TV3 es innegociable y la necesita para que ERC se perpetúe en el poder. Aunque al paso que vamos habrá que convenir que para perpetuarse antes hay que estar en el poder y con este independentismo despendulado y desunido y la alergia que le tienen a los partidos constitucionalistas, va a ser difícil que ERC gobierne en Cataluña. Los números no dan. Puigdemont lo sabe y quiere sacar la tajada máxima apurando hasta el último día con un chantaje inmoral que impide a Cataluña disfrutar de un gobierno oficial mientras la salud y la economía de los catalanes se va a pique.


 

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