Se cumplen 50 años del accidente de avión en Los Andes: un suceso con tintes de tragedia y milagro

Se cumplen 50 años del accidente de avión en Los Andes: un suceso con tintes de tragedia y milagro

17/10/2022

| Roberto Toninelli

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Los 16 supervivientes pasaron 72 días en la montaña y tuvieron que alimentarse de la carne de sus compañeros muertos

Hace 50 años un avión se estrelló en la cordillera de los Andes con 45 personas a bordo. Un equipo de rugby al completo quedó atrapado a 30 grados bajo cero sin alimento y sin agua, lo que les llevó a tener que tomar ciertas medidas extremas. Tras 72 días en la montaña solo sobrevivieron 16 que, para lograrlo, tuvieron que llegar incluso a comerse la carne de sus compañeros muertos. Una realidad a la que se enfrentaron al volver a la civilización.

El avión, un Fairchild FH-227D, despegó del Aeropuerto Internacional de Carrasco (Montevideo, Uruguay) el 12 de octubre con destino Santiago de Chile. No obstante, debido a las inclemencias meteorológicas, el piloto decidió hacer una parada en Mendoza (Argentina). A pesar de que el clima no había mejorado, la aeronave despegó de Mendoza a mediodía.

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Finalmente, un error de cálculo del piloto hizo que el avión colisionase en repetidas ocasiones con la montaña, para terminar deslizándose y chocando con un glaciar. El fuselaje de la aeronave (la cola y las alas se habían perdido en el primer impacto con la montaña) quedó atascado a una altura de 3.570 metros en Malargüe (provincia de Mendoza).

Su historia se hizo particularmente conocida debido a la película '¡Viven!' (estrenada en 1993), aunque también se han publicado al respecto numerosos libros, algunos de ellos escritos por los propios protagonistas de la historia.

Una auténtica tragedia en el que tres de los supervivientes, Fernando Parrado, Roberto Canessa y Antonio Vizintin, han contado como sucedió todo y consiguieron manterse con vida ante algo prácticamente imposible.

"Salimos tres, pero ‘Tintín’ volvió. Pensamos que si nos quedábamos dos teníamos más comida, así que él regresó”, recordaba Canessa al programa ‘Desayunos informales’ del canal de televisión uruguayo ‘Teledoce’. “Caminabas tres pasos y te faltaba el aire. Yo había perdido 30 kilos. Fue demencial. ¡Nos daban por muertos!’, añadía Canessa en el 50º aniversario de uno de los accidentes aéreos de mayor trascendencia por toda la historia que se esconde en sus entrañas.

Un milagro nunca antes visto hasta la fecha

Demencial, sí. Inimaginable, también. Las probabilidades de que estos dos jóvenes, Roberto y Fernando, desnutridos, mal equipados, sin experiencia en la nieve y muy desmejorados físicamente pudieran cruzar la Cordillera de los Andes, encontrar a alguien y pedir que les auxiliara a ellos y al resto de compañeros eran mínimas. Quienes se quedaron en la zona del siniestro se protegían del frío, de la nieve y de los aludes en uno de los pedazos del fuselaje del avión.

Concretamente, en el de la parte delantera, que se originó después de que el piloto del avión, atrapado en la niebla y en las bolsas de aire, viera que no le queda más remedio que jugársela y tratar de aterrizar el avión como fuera posible en una ladera nevada de la montaña. En el accidentado aterrizaje murieron 11 de las 45 personas que viajaban en el avión. Pero la fe de Roberto y Fernando dio resultado.

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Tras diez largos días de caminar y al final de sus fuerzas, llegaron al río Azufre y quiso el azar que se encontraran con un hombre que iba a caballo. Respondía al nombre de Sergio Catalán, quien tras salir de su asombro e intercambiar mensajes envueltos en piedras con Roberto y Fernando decidió dejarlos allí e ir a por ayuda. Gracias a la casualidad de que pudieron encontrar a alguien, ellos y otras 14 personas consiguieron volver a sus casas sano y salvo pese a que desde hace semanas los daban por muertos y se encontraban en paradero desconocido.

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