¡¡Puigdemont y Junqueras ya no se quieren!!

  • Cataluña
  • 27-07-2019 | 08:07
  • Escribe: Pedro Riscal

El fracaso de Sánchez en la investidura tiene su lado bueno: Ha ganado la batalla de Cataluña.


El fracaso de Pedro Sánchez en su intento de salir como presidente del gobierno español tras la sesión de investidura de ayer ha significado un duro revés para la estabilidad política de España, pero también ha tenido su vertiente positiva: ha servido para resquebrajar la unidad del independentismo catalán.

El decidido e inflexible "no" impuesto por Carles Puigdemont a sus correligionarios de JuntsxCat ha contrastado con el cariño con el que ERC, liderada por Gabriel Rufián, ha manejado el tema absteniéndose finalmente en la votación.


El separatismo está más desunido que nunca

Queda claro que las fuerzas separatistas están en este momento más desunidas que nunca y parece poco probable que puedan establecerse entre ellas acuerdos para trenzar estrategias que permitan resucitar un Procés que ya está marchito y condenado a su defunción por agotamiento.

Puigdemont, el independentismo de derechas, va fuerte, apuesta por la ruptura de forma inmediata y no quiere saber nada de ese Estado que le tiene en un cautiverio dorado en Flandes. ERC, por su parte, ha optado por una postura más racional e inteligente, lo que despectivamente llaman entre el separatismo como "autonomismo", y busca el mismo objetivo, la independencia, pero aglutinando más partidarios de manera que pueda caer por su propio peso.


Puigdemont defiende que "al enemigo ni agua"

La decisión de Oriol Junqueras de darle un margen de confianza a Pedro Sánchez en busca de un diálogo que considera imprescindible ha encendido la ira de Puigdemont y los suyos, que son partidarios de que al enemigo, ni agua. Y Pedro Sánchez, como jugador alineado en el equipo del 155, es el enemigo.

Puigdemont y entidades radicales de mucho peso como la ANC o Òmnium Cultural se sienten traicionados por la nueva estrategia de ERC, que busca la vía del entendimiento en lugar de tirar de crispación, que es lo único que saben hacer Puigdemont y los suyos.



El expresidente fugado no ha dudado en reprochar a sus socios de ERC su actitud "colaboracionista" con el Estado presumiendo de que la única posición que mantenía la “dignidad” del “pueblo de Cataluña” era la de Laura Borràs, la diputada de JxCAT, que en todo momento mostró su intransigencia a apoyar la investidura de Sánchez basándose en que el candidfato lleva tatuado en la frente el artículo 155.

"155 noes a Pedro Sánchez"

Y se burló todo lo que pudo con el resultado de la votación en la que 155 diputados votaron en contra de Sánchez : “155 no a Pedro Sánchez. A veces existe la justicia aritmética. Macià: ‘Ay del pueblo si la decisión que toma no es dictada por la dignidad, y ay del pueblo si no tiene la firme voluntad de llevarla a cabo, cueste lo que cueste y sean los que sean los sacrificios que ello comporta’”, ha dicho Borràs.

También Torra ha reprochado a ERC el sentido de su voto y a partir de ahora el proyecto del Govern catalán que comparten ambos partidos va a sufrir grietas importantes. Ya no van unidos. Ya no les acercan los mismos intereses. Sus apuestas por la independencia son ya muy diferentes. Y de esta desunión sólo puede salir un periodo de calma para España después del susto de las revueltas separatistas.

Por otra parte, las alianzas "sorprendentes" de ERC en algunos ayuntamientos importantes catalanes, como Sant Cugat y Figueres, han servido para descabalgar a JuntsxCat del poder. Y eso va haciendo mella en una alianza de dos partidos que no tienen más que la indepedencia en común.

Sánchez ha ganado la batalla de Cataluña

Mientras Puigdemont sigue empeñado en practicar el golpismo por la vía unilateral, Junqueras prefiere abordar una carrera de fondo en la que por el camino pueda recoger una mayoría social suficiente, que no existe ahora, para abordar de nuevo el reférendum con todos los ases en la mano... y las de ganar, algo que no ocurre en este momento.

Mientras tanto, lo mejor es que el diálogo sirva para mantener un autonomismo provisional que permita obtener ventajas de Madrid, por ejemplo el dinero que Rajoy negó a Cataluña y Sánchez está dispuesto a ofrecer. ERC está por sacar del Estado lo que más le convenga a Cataluña y ahora mismo eso pasa por sacarla de la situación de colapso económico en la que vive.

Y no es suficiente con echarle la culpa a España, porque nos roba. Se trata, según ERC, de que España nos trate bien para no tener que echarle la culpa de nada. Y por ahí no pasa Puigdemont, que es consciente de que contra España se vive mejor. Al menos en su caso.

Sánchez ha perdido con su investidura la batalla de España (que aún no está perdida), pero ha ganado la batalla de Cataluña. 

 

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