¿Procés o timo de la estampita? Así le sacan Torra y Puigdemont el dinero a los catalanes

  • Cataluña
  • 13-11-2018 | 10:11
  • Escribe: Pedro Riscal

Se han abierto tres vías de financiación para Artur Mas, Puigdemont y los presos a través de la limosna pura y dura.


El golpismo catalán necesita dinero para pagar las condenas de sus presos y la manutención de sus fugados de la justicia. Y su imaginación, como ya ha quedado probada con su república virtual, es desbordante y da para mucho. Así se movilizan para sacarle dinero a los catalanes que aceptan ser engañados con la promesa del paraíso terrenal.

Dinero para Artur Mas

La Asamblea Nacional de Cataluña reclama a sus asociados donaciones para pagar la condena de 5 millones de euros que el Tribunal de Cuentas ha impuesto a Artur Mas por ser el causante del pecado original del Procés el 9N de 2014 con una consulta sobre la autodeterminación de Cataluña.

"¿De verdad creen que así detendrán a un pueblo que ha decidido autodeterminarse?" Así se expresa la ANC en un comunicado publicado en las redes sociales. Y ha puesto en marcha una campaña entre sus 40.000 afiliados para pagar la condena impuesta a Artur Mas, Joana Ortega, Irene Rigau, Francesc Homs y seis personas más haciendo un llamamiento a los suyos: "hacemos una llamada para llenar la ´Caixa de Solidaritat´. Cada gesto, cada aportación, es un acto de dignidad y de justicia". Y la llamada va acompañada del hashtag #FemLaRepúblicaCatalana.

Dinero para Puigdemont

Pero hay más. Hasta ahora 20.000 catalanes han pagado 10 o más euros para que Puigdemont pueda comer tres veces al día en en el número 34 de la Avenue de l'Avocat, en Waterloo, y mantenga el espíritu abierto para cavilar la mejor estrategia para arrancar Cataluña de España. A través de un invento llamado CATGlobal la web del Consell de la República, Puigdemont recauda fondos para hacer posible el gobierno de la República catalana desde el exilio en caso de que a España le dé por intervenir de nuevo Cataluña con una nueva aplicación del artículo 155.

Pero Puigdemont no cuenta sólo con la solidaridad de los catalanes que tengan a bien proporcionarle donaciones, también espera que su pueblo fiel y convenientemente adoctrinado responda a su llamada con  “testamentos y últimas voluntades”. O, lo que es lo mismo, Puigdemont cuenta con que su parroquia incondicional ponga en sus manos sus herencias para que él pueda sobrevivir y Cataluña presumir de un gobierno en el exilio. Absolutamente surrealista. De momento llevan recuadados más de 300.000 euros.

Dinero para los presos

Y en esta crónica de la triste realidad catalana, más parecida a una película de Berlanga que a un proyecto político serio, aparece Torra pasando la hucha, como si se tratara del Domund, y organizando cutre rifas, del nivel de las de fin de curso, para sacar a los políticos presos de la cárcel. Es una idea del Departament de Política Territorial de la Generalitat.

El coste de cada papeleta es de dos euros y el premio es una cesta sorpresa, un iPad y un patinete eléctrico. Los ingresos que se generen irán a parar a la Asociación catalana por los derechos civiles, gestionada por familiares de los políticos que pagan sus culpas en prisión y los de los fugados de la justicia y ahora residentes en el extranjero que no se atreven a afrontar con responsabilidad sus comportamientos en el pasado después de que fueran avisados de lo que podía sucederles.

Pero el dinero de las rifas tiene más utilizadades. Por ejemplo, para financiar la propaganda que pueda realizarse fuera de nuestras fronteras en favor del Procés, especialmente en la ONU y la Unión Europea.

El sorteo será el 21 de diciembre en un edificio público, la propia Consejería, lo que significa que cuenta con el apoyo y la bendición de Quim Torra, el mismo que envía a los comandos CDR a "apretar" a las fuerzas de seguridad.

Dinero, dinero y más dinero. Todo se reduce al dinero. No han tenido suficiente con el quebranto económico que ha supuesto para Cataluña sus ínfulas independentistas. Las empresas se han ido, el turismo se asusta y la economía de una región que vivía en un alto estatus de bienestar se ha resentido. Y ahora pretenden tapar sus fechorías con sablazos a la población para mantener vivas sus inquietudes paranóicas.

Suena a timo de la estampita, pero lo cierto es que todavía queda gente dispuesta a dejarse embaucar por este grupo de trileros que está dispuesto a vender cara su derrota. Y, claro, que la paguen los ciudadanos con su infinita generosidad.

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