Ni ellos las prefieren delgadas ni ellas los prefieren musculados

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  • 26-10-2020 | 06:10
  • Escribe: Laura Abad

El cánon de belleza siempre ha ido variando a lo largo de la historia. Y de nuevo ahora cambia la tendencia para los hombres y las mujeres




Según un portal de citas, el 53% de los varones prefieren a las mujeres de constitución media y atlética, en lugar de mujeres delgadas. Si bien es cierto que la formación y el empleo se encuentran entre los factores más valorados a la hora de buscar una pareja, lo es también que el físico sigue importando todavía mucho. Sin embargo la delgadez ya no es sinónimo de moda ni de belleza.

A todos nos gusta parecer atractivos o sencillamente ser aceptados por los demás (por eso nos arreglamos para salir de casa pero no tanto para estar en casa).Todos nos regimos, en mayor o menor medida, a los cánones de belleza vigentes.



Según un reciente estudio publicado las mujeres consideran que deben estar delgadas para gustar a los hombres. Hasta aquí, ninguna novedad. La sorpresa vino cuando las mujeres consideran que deben alcanzar determinado grado de delgadez porque es así como les gusta a los hombres. Este efecto también tuvo lugar entre los hombres y su musculatura.

En realidad, los hombres consideraron que la delgadez que las mujeres consideraban apropiada era, en realidad, exagerada y poco atractiva. Este efecto se observó mayormente en relaciones a corto plazo antes que en relaciones a largo plazo, donde el físico parece menos relevante. 



Delgadez y musculatura

En los paises occidentales la figura femenina ideal es delgada, mientras que la delgadez y la musculatura se han convertido en un ideal para los hombres de occidente, esto ha desencadenado una obsesión por la delgadez y la baja grasa corporal en mujeres y hombres respectivamente.

La competencia viene derivada entre miembros del mismo sexo que quizá distorsiona la idea de los gustos del sexo contrario. Es decir, que las mujeres tratarían en el fondo de estar más delgadas para resultar más atractivas para las otras mujeres, ya sea porque las otras mujeres han logrado metas más destacables o porque entre ellas hay más críticas o alusiones a la consecución de esa delgadez.



Naturalmente, este solo es un nodo más de la complejísima telaraña que influye en cómo determinamos lo que es atractivo, cómo nos plegamos a sus exigencias y, también, cómo discriminamos a quienes no pasan por el aro (o hasta qué punto nos revelamos frente a esta complejidad que aflora de la interacción social buscando monstruos ilusorios o superficiales que combatir, como la gordofobia, el heteropatriarcado o los medios de comunicación).

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