¿Los disgustos y las emociones nos pueden enfermar?

  • Enciclopedia
  • 07-05-2022 | 05:05
  • Escribe: Laura Abad
Está comprobado que los sentimientos y las emociones están muy ligados a nuestro organismo


Es habitual sentir un nudo en el estómago cuando nos invade una sensación de miedo o preocupación, o percibir cómo se acelera nuestro corazón cuando estamos nerviosos. Así, parece que la forma de expresar los sentimientos está relacionada con el tipo de enfermedad que se puede llegar a padecer.

Reprimir emociones negativas podría facilitar la aparición de problemas tumorales, mientras que los que sienten ira podrían sufrir más fácilmente enfermedades del corazón.



De hecho, hay más posibilidades de enfermar tras sufrir una mala noticia, como la muerte del cónyuge. Los aspectos psicológicos tienen una influencia demostrada en la salud de las personas, por lo que esto también se puede usar como herramienta para combatirlas.

Discutir es peor para el corazón que correr un maratón, pero algo peor todavía es recordar esa discusión una vez que ha pasado. Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de California en San Diego, el solo hecho de pensar en un disgusto eleva la presión sanguínea y puede dar lugar a problemas cardiovasculares posteriormente.



Los investigadores observan que cuando a una persona se le pide que recuerde ciertos momentos emocionales se eleva notablemente la presión sanguínea y, además, permanece alta. El estrés emocional es mucho más perjudicial que otros tipos de estrés, como el producido por el ejercicio, pese a que, en un principio, ambos tipos de situaciones parezcan provocar los mismos resultados en el organismo.

Por ello, los especialistas no sólo consideran importante evitar los disgustos para mantener el corazón en buena salud, sino también evitar recordar los disgustos pasados. Sus apreciaciones se basan en el estudio de 72 estudiantes que participaron en varias pruebas físicas y emocionales y cuyos niveles de presión sanguínea fueron monitorizados durante las pruebas.



Una visión optimista del problema ayuda a luchar contra él, mientras que un negativismo evidente solo facilitará que la enfermedad prospere.

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