Laporta fue el primero que utilizó el espionaje en el Barça

  • Deportes
  • 02-03-2021 | 09:03
  • Escribe: Gonzalo Palacios

En 2009 espió a los propios vicepresidentes de su junta con el dinero de los socios y fraccionando las facturas. Pero no pasó nada


Joan Laporta se ha hecho el ofendido al ser informado sobre la situación que vive Josep Maria Bartomeu después de ser detenido en su propio domicilio como consecuencia de la investigación puesta en marcha por los Mossos d´Esquadra sobre el Barçagate.

Laporta ha puesto cara de compungido, ha reclamado la presunción de inocencia de Bartomeu, que a fin de cuentas es un expresidente del Barça, y le ha perdonado la vida dejando entrever que le parece muy mal que un presidente del Barça pueda dedicarse a maniobrar sobre la imagen de los demás, destruir su imagen y embellecer la suya con dinero del club.


Laporta fue un pionero en el espionaje con el dinero de los socios

Queda claro que la memoria en el fútbol es muy frágil. La de Laporta y la de la audiencia, periodística y social, con la que se enfrenta. Y es que Bartomeu no es el inventor del espionaje y los trapicheos en el Barça fraccionando las facturas y utilizando dinero de los socios para su provecho particular. Ese honor le corresponde a Joan Laporta, que en 2009 hizo poco más o menos lo mismo que Bartomeu en el Barçagate, pero corregido y aumentado: espiar a sus adversarios y a sus propios futbolistas, con dinero del club. Y aportó la gran novedad de que entre los objetivos objeto de investigación estuvieron sus propios vicepresidentes. Laporta quería saber de primera mano qué muertos tenía cada uno en el armario.

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La operación la ejecutó el fiel Joan Oliver, entonces director general del Barça (800.000 euros al año), el mismo que después ha llevado a la ruina al Reus y que en esa época, después de la fuga de 15 directivos alarmados por un presidente al que no reconocían, gobernaba entonces el club mano a mano con Laporta. Ellos dos y el siniestro Xavier Sala i Martín, otro que también ahora se rasga las vestiduras y que entonces fue partícipe y cómplice del espionaje que se llevó a cabo en el club en 2009 con el dinero de los socios. Sala i Martín tenía como misión entonces velar por el uso que se hacía de los ingresos del club para evitar su abuso. Pero era más laportista que barcelonista. Primer Laporta.

Curiosamente, ahora los dos, Laporta y Sala i Martín, se ponen chulos. El pobre Oliver anda por ahí escondido después de sus fechorías en Reus y no se atreve ya a salir de la cueva. Pero los otros dos van de perdonavidas y con problemas de amnesia.



Laporta ha dicho sobre el Barçagate "viene como consecuencia de una mala gestión anterior y debemos intentar que perjudique al club lo menos posible. Entendemos que esto no debería haberse producido nunca. Ojalá no se hubieran hecho estas actuaciones que salen en el sumario. El presidente que entre deberá actuar con la máxima transparencia”. La misma que no tuvo él en su época presidencial, destinando dinero del club para espiar a sus propios directivos con interés particular.

Ferran Soriano gastó dos millones de los socios en espionaje

Y por si quedaban dudas, se encargó de disiparlas Albert Perrín: “En algún lugar debe haber algún expediente que lo demuestre”. Se refería a que Ferran Soriano, entonces vicepresidente primero del Barça y ahora presidente ejecutivo del Manchester City, contrató a la empresa Intelligence Bureau poco antes de dimitir. Según Perrín, Soriano pagó una factura de unos dos millones de euros en investigaciones. Perrín dijo a El Tirachinas, de la COPE, que “cuando un vicepresidente económico aprueba una factura de este tipo, se paga y nadie lo discute”. Las revelaciones de Perrín coincidieron en el tiempo con la denuncia de Oriol Giralt por el mismo motivo.

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Soriano fue por libre, pero no fue el único que urdió turbios manejos en el club con dinero de los socios. Hubo otra acción. Los beneficiarios de la operación fueron los entonces (2009) presidenciables no vigilados y bendecidos por el presidente: Xavier Sala i Martín y Alfons Godall, que vieron allanada su aspiración a liderar el laportismo sin Laporta una vez descabalgadas otras opciones continuistas desde la propia directiva.

Espionaje a cuatro vicepresidentes desde el club

Causó también profundo malestar entre la masa social la noticia de que el coste para el socio de semejantes prácticas fuera de 56.000 euros, una cantidad fuera de mercado y de la que se benefició una candidatura electoral sin necesidad de emplear su propio dinero. Se trataba de un hecho jurídicamente muy delicado porque el fin de ese gasto no encontraba justificación en un beneficio para la entidad sino en un servicio privado para alguno de sus administradores.

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El Barça contrató a detectives para espiar a cuatro vicepresidentes. Los directivos investigados eran posibles candidatos a la presidencia del club en las elecciones de 2010”. Las “víctimas” fueron Joan Franquesa, Jaume Ferrer, Rafael Yuste y Joan Boix. Y la iniciativa del caso la tomó el director general, Joan Oliver. Éste explicó que se trataba de “una auditoría de seguridad”, pero a nadie se le escapó que el
objetivo de la misma era obtener el máximo de información sobre la vida privada de posibles candidatos a encabezar la opción continuista para descartarlos y aglutinar el laportismo alrededor de la opción que más gustaba al presidente.

Ya se sabía, de todas formas, que Oriol Giralt fue vigilado durante la moción de censura y Sandro Rosell también había denunciado el seguimiento de desconocidos hacia su persona. Cuando saltó el escándalo Laporta, lejos de relevarle, ratificó a Oliver (800.000 euros al año) en su cargo.

Laporta: "Nos tienen ganas, en especial a mí"

Y optó por recurrir al victimismo: “Hay una campaña de la prensa que proviene de las cavernas mediáticas españolistas y de gente que ejerce la intolerancia. Estoy sorprendido por la forma violenta en que
salió a la luz pública el tema, cinco meses después. Ha sido desproporcionada y exagerada sobre un tema que quedó cerrado hace cinco meses", decía entonces Laporta haciéndose el ofendido.

“Nos tienen ganas, en especial a mí –decía Laporta-, es año electoral y ya hay gente que calienta motores y como no tienen argumentos para expresar su propuesta, se dedican a intentar erosionar y desestabilizar”.

Y le contestó alguien que fue su hombre de confianza y vicepresidente de su junta, Albert Vicens, que acabó oyendo despavorido de la directiva laportista: "Se ha implantado en el seno del club un estado policial (…) Sólo la directiva tiene el mandato de los socios para tomar decisiones (…) Se han utilizado fondos del presupuesto del club en beneficio de los intereses electorales de esta junta (…) Lo acaecido atenta contra los principios democráticos y la libertad de las personas (…) Debe destituir al director general corporativo y al jefe de seguridad por abuso de confianza y realización de actividades contrarias a la intimidad de los socios, tal como indican los estatutos del club (…) Es triste comprobar cómo el espíritu del Elefant Blau y del 2003, basado en la transparencia y la honradez, se desvanece día a día".

De qué hablaban los informes

Entre 35 y 40 páginas. Anexos. Investigaciones sobre las relaciones empresariales y políticas. Averiguaciones sobre el patrimonio personal. Búsquedas de antecedentes penales. En eso consistían los informes que el director general del Barcelona, Joan Oliver, encargó a la empresa Método 3”. Es decir, que de “auditoría de seguridad”, como él aseguraba, nada. La investigación se basó en “el patrimonio personal de cada uno, en los ingresos anuales, en el historial laboral y en la existencia o no de antecedentes penales. Una vez completados estos apartados se pasaba al campo de las deudas (…) Los informes terminaban con tres puntos más: las sociedades en las que participaban o de las que eran propietarios, las propiedades (…) Los informes también incluían entrevistas con el entorno personal de los investigados. En el caso concreto de Ferrer, su informe añadía tres folios en el que se relataba una agria conversación con su ex suegro. Éste acusaba a Ferrer de diversas cuestiones, entre ellas de haberse aprovechado
de una etapa en la que trabajaron conjuntamente para llevarse a clientes hacia sus empresas”.

56.000 sobre 70 millones de gastos sin justificar

Gabriel Masfurroll, exvicepresidente con Joan Gaspart, se hizo eco de las informaciones que ya estaban en la calle en torno a la cuantía de la operación de espionaje advirtiendo que el coste total ascendió a 367.000 euros y no 56.000. Poca cosa teniendo en cuenta que la partida de "gastos sin justificar" en la etapa presidencial de Laporta ascendía a 70 millones de euros.

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