Irene Montero le echa un cable al caníbal del Turia: comía carne y bebía sangre de sus víctimas

Irene Montero le echa un cable al caníbal del Turia: comía carne y bebía sangre de sus víctimas

09/01/2023

| Laura Abad

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Sí, Irene Montero ayuda a los maltratadores, violadores, asesinos y a gente de esta calaña. ¿Montero tiene claro cuál es su trabajo o ha perdido el norte?

El titular de esta noticia no está equivocado. Irene Montero, la ministra de Igualdad, que, en teoría, debería apoyar y defender a todas las mujeres, en este caso con la aprobación de la ley “solo si es si”, se ha convertido en la enemiga número uno de las mujeres maltratadas y de las familias de las niñas, niños y mujeres violadas y asesinadas.

Sin embargo, los maltratadores, violadores y asesinos de niñas, niños y mujeres, se han beneficiado de esta ley. No sería extraño que en las celdas de cada uno de estos seres repugnantes, estuvieran presididas con una fotografía de Irene Montero, como si de su ídolo se tratase. Estos últimos días se ha vuelto a hablar de “el caníbal del Turia”, condenado por agredir a tres mujeres y que reconoció que tenía la “necesidad de comer y beber sangre humana" en su primer crimen.

David Fernández, que así se llama este individuo, fue condenado a 18 años de cárcel (doce por agresión sexual y seis por homicidio en grado de tentativa) después de que los forenses certificaran que era plenamente consciente de lo que hacía y le calificaron como una persona “sádica”. “Pudo elegir y eligió”, apuntaron los facultativos.

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¿Era necesario que este criminal tuviese permisos penitenciarios? De hecho, tendrían que entrar en la cárcel y tirar la llave. No merecen volver a respirar el mismo aire que las demás personas. Cada vez que ocurre un acto tan atroz como este o con cualquier otro crimen contra las mujeres o niños, se viene al pensamiento la película de El Conde de Montecristo.

Es el ejemplo de la cadena perpetua que merecen estos individuos. Una celda sin comodidades, le daban la comida por un agujero y no tenía contacto con nadie más que con el carcelero que, ni tan siquiera le hablaba. Si supiesen lo que les espera, a lo mejor serviría para que reprimieran sus instintos.

Ahora, con los permisos carcelarios, televisión, gimnasio, visitas, vis a vis… mejor dejarlo aquí.

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