Franco, el niño maltratado que se convirtió en dictador

  • Política
  • 24-11-2018 | 09:11
  • Escribe: Eva Martín

El padre de Franco, Nicolás, solía maltratar a su hijo tanto físicamente, con la correa o a nivel psicológico




Un padre alcohólico y maltratador marcó la infancia de Francisco Franco. En el colegio le llamaban 'Cerillito' por su baja estatura. Nadie podía pensar que años después sería un dictador que oprimió a España durante muchos años.

La casa en el Ferrol donde nació aún sigue conservándose como una reliquia. Entre aquellas paredes, su padre Nicolás Franco solía maltratar a su hijo. En una ocasión le llegó a romper el brazo a su hijo mayor por masturbarse.



En un extenso artículo que ha publicado ABC, detalla que lo que más dolor le causaba eran los insultos, ya que Francisco escuchó durante toda su infancia burlas sobre su timbre de voz, un tono agudo, débil y ceceante. Esto y su apodo de 'cerillito' hizo que su estancia en el colegio fuera una pesadilla. Los niños pueden ser muy crueles.

Pilar Eyre lo cuenta en su libro 'Franco confidencial: Una historia de ambición de poder, intrigas de palacio e intimidades reservadas': “Franco tuvo que sufrir una infancia absolutamente traumática debido a un padre maltratador, al que hoy en día hubiese perseguido la ley". Es posible que lo vivido en su infancia hizo que se curtiera y empezó a obsesionarse por demostrar su valor. Un día que su hermana Pilar le llamó cobarde, calentó una aguja de coser y se la clavó en su propio brazo. No se quejo y miró fijamente a los ojos de su hermana. Por otra parte disfrutaba de juguetes como espadas de madera, montar el belén, etc.



George Hill afirma que Franco fue el más "normal" de sus hermanos

Como explica el hispanista George Hill, Franco fue el más "normal" de los tres hermanos varones (a saber: Nicolás, el propio Francisco y Ramón): "Nicolás fue un chico listísimo, aunque muy mal estudiante. Paco fue siempre muy corriente, cuando niño dibujaba muy bien y en eso tenía mucha habilidad pero era un chico corriente. No se distinguía ni por estudioso ni por desaplicado". Se podría decir que -curiosamente- todos le definían como el más templado de los pequeños. El menos 'trasto' de todos ellos.

Cuando cumplió 14 años ingresó en la Academia de Infantería de Toledo y a partir de ese momento todo iba a cambiar, o eso creía él. No se libró de las crueles novatadas de los veteranos y las burlas de sus compañeros por su baja estatura, su vocecilla y su bigotín. Franco se terminó hartando de todo aquello y, en una ocasión, tiró un candelabro a la cabeza de uno de aquellos "abusadores", además de repartirle una buena somanta de tortazos. Aquello le valió el respeto de sus compañeros.



Pronto fue trasladado a África, donde se enfrentaba a fusil y cañón contra los rifeños. Una guerra para muchos sin sentido en la que 'Cerillito' se convirtió, decididamente, en un hombre. No tenia problema en ponerse a la cabeza de la formación y atacar a bayoneta calada. Parecía inmune a las balas. Lo ascendieron a general de brigada a los 33 años. Dicha fortuna continuó en 1916 cuando, ya como capitán y durante un duro enfrentamiento contra los rifeños en los alrededores de El Biutz, fue herido en la región lateral del abdomen, como posteriormente rezaría en el informe. Aquel día, todos estaban de acuerdo en que la suerte se había acabado y Paquito se marcharía al otro barrio. Sin embargo, logró resistir. No obstante, son muchos autores los que también afirman que aquel disparo acabó con uno de sus testículos.

Amor y religión: más secretos de la vida de Franco

En su estancia en el norte de África conoció a una bella mujer, una tal Sofía Subirán y cuando no quería ir con 'Cerillito' decía que su "padre la iba a reñir". Así definía a Paquito: "Era muy fino. Atento, todo un caballero. Tenía mucho carácter y era muy amable. Demasiado serio para lo joven que era". Al final, ambos dejaron aquella relación.



Desde su infancia fue un ferviente católico y una vez en el poder, le permitió disfrutar como un niño coleccionando todo tipo de reliquias. Como explica César Cervera en su libro 'Los Austrias. El imperio de los chiflados', emulaba a Felipe II. Franco se emocionaba cada vez que recibía un hueso de santo en su residencia de El Escorial.

Franco tenía en su poder el brazo incorrupto de Santa Teresa y la mantenía en el interior de un relicario como si fuese oro. El mausoleo de esta reliquia era la habitación privada del dictador en el Pardo. "Franco oraba en el reclinatorio del mueble que albergaba el brazo en su interior. Este mueble se hallaba a la derecha de su cama, junto a la pared, un poco adelantado. Desde el lecho, Franco podía ver de soslayo, en todo momento, el brazo de Santa Teresa de Jesús. Tenía gran devoción por ella, se sentía protegido por esa veneración. Además, su admirado Felipe II se carteó con la santa. La defendió en varias ocasiones y la sacó de más de un entuerto con la Inquisición", determinan Zurdo y Gutiérrez. A día de hoy, la reliquia se encuentra a buen recaudo bajo suelo sagrado, cedida por Carmen Polo tras la muerte del dictador.

En este sentido, Franco se parecía también a Adolf Hitler. Uno de los dictadores que más esfuerzos pusieron en hallar reliquias como el Arca de la Alianza o la Lanza de Longinos Aunque el líder nazi no lo hacía por culto, sino para usar su poder en contra de sus enemigos. Franco, por el contrario, adoraba aquellos objetos por su implicación religiosa.

A Dios rogando y con el mazo dando

En 1957 un grupo de ciudadanos españoles tuvo el valor de pedir a la Santa Sede que fuese nombrado Cardenal. A pesar de estar casado y no ser sacerdote. Lógicamente la Santa Sede hizo caso omiso de la petición. Arguyeron que el dictador había hecho tanto por la religión que se merecía sin duda aquel honor.

Lo que ignoraban este grupo de devotos es que Franco, durante la Guerra del Rif, había recurrido a las artes ocultas para adivinar su porvenir. La pitonisa se hacía llamar Mersida (Mercedes Roca, de origen bereber). "En todo caso, eso no significa que creyera en lo que le decía", añaden los escritores españoles.

Este hombre, apodado el 'Cerillito', con voz casi femenina y acomplejado a su vez, era el mismo que estuvo a punto de conseguir una bomba atómica, el mismo que casi fue asesinado por los miembros de Falange (los cuales le consideraron un traidor a los principios del movimiento) y el mismo que firmaba sentencias de muerte mientras desayunaba: "En cierta ocasión, Sainz Rodríguez pudo ver cómo el Caudillo mojaba bollitos en el chocolate mientras trasladaba carpetas de su escritorio a un sillón que tenía a su derecha, y otras al sofá de la izquierda. Los expedientes del sillón derecho contenían sentencias de muerte que debían ejecutarse sin demora; los otros quedaban aplazados para consideración posterior".

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