¿Existe el crimen perfecto? 10 casos sin resolver que han mantenido en vilo a España

  • Sucesos
  • 09-11-2021 | 09:11
  • Escribe: Gonzalo Palacios

En la mayoría de los casos la falta de pruebas ha hecho que se queden sin resolver




¿Existe el crimen perfecto?. En España hay muchos casos que siguen sin resolverse y normalmente se debe a la falta de pruebas. A continuación, exponemos 10 conocidos sucesos que, a día de hoy, siguen sin resolverse en nuestro país.

Las niñas de Alcàsser

Miriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández murieron de un disparo después de ser terriblemente torturadas y violadas. Tenían entre 14 y 15 años cuando fueron secuestradas. La última vez que las vieron con vida fue el 13 de noviembre de 1992 cuando se dirigían desde Alcàsser a la discoteca Coolor.



El 27 de enero de 1993 dos apicultores localizaron los cadáveres semienterrados en el inhóspito paraje de La Romana. El único condenado por el suceso es Miguel Ricart aunque también se busca, desde 1993, a Antonio Anglés por el triple homicidio. El caso seguirá abierto hasta 2029.

Marta del Castillo

Marta del Castillo desapareció en Sevilla la noche del 24 de enero de 2009. Salió de casa porque había quedado para arreglar unas cosas con su ex novio, Miguel Carcaño, de 19 años. Carcaño confesó que la había matado pero cambio su versión de los hechos hasta en nueve ocasiones. El cuerpo de la joven sigue sin aparecer.



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El joven, condenado a 21 años y tres meses de cárcel por el crimen, tenía restos de sangre de la menor de 17 años en su ropa y no saldrá hasta haber cumplido, como mínimo, tres cuartas partes de la condena. También fueron arrestados en un principio dos mayores de edad más: el hermanastro de Carcaño, Francisco Javier Delgado Moreno y la novia de éste María García Mendaro que está en libertad condicional; y a dos amigos más del autor confeso del asesinato de Marta, Samuel Benítez y Javier García Marín, alias 'El Cuco'.



Yéremi Vargas

Yeremi Vargas, de 7 años, desapareció en Vecindario (Gran Canaria), el 10 de marzo de 2007, mientras jugaba con dos de sus primos en un solar próximo a su casa. Un testigo vio un vehículo Renault 5 Oasis con la pegatina de una palmera en el maletero por la zona en el momento del secuestro.

Hasta la fecha no ha habido ninguna detención y el caso sigue sin resolver. En un principio, los focos se volvieron contra Juan Francisco Vargas, el padre de Yeremi, pero las autoridades policiales descartaron esta opción poco tiempo después.



Déborah Fernández

El caso de Déborah Fernández Cervera, prescribe en seis meses, tras más de veinte años de instrucción y quince archivos judiciales en falso. La acusación particular que ejerce la familia han conseguido la reciente exhumación del cuerpo y otras pruebas forenses de ADN que se espera que arrojen algo de luz sobre el nombre del asesino. 

El 30 de abril de 2002, el asesino acabó con la vida de la joven viguesa de 22 años, colocó su cadáver desnudo en una cuneta, junto a un preservativo usado, un pañuelo de papel y un cordón verde bajo ella. El objetivo era hacer creer que había un móvil sexual. Desapareció haciendo footing en las inmediaciones de la playa de Samil (Pontevedra) y fue encontrada dos semanas después, en O Rosal, a 10 kilómetros de su casa. Sigue sin conocerse al autor del crimen.

Sheila Barrero

Sheila Barrero fue asesinada de un tiro en la cabeza con 22 años el 25 de enero de 2004.  Su propio hermano encontró el cuerpo fallecido de la joven en el interior de su coche. Aunque el exnovio de Sheila fue, desde un primer momento, el principal sospechoso para la familia de la joven, la Audiencia Provincial de Asturias cerró el caso en firme sin que nadie haya entrado en prisión.

La joven trabajaba como camarera en un pub situado en Villablino (León). La última vez que se la vio con vida fue saliendo de su lugar de trabajo.

Helena Jubany

Helena apareció muerta en un patio de luces de un edificio de Sabadell en el año 2001. Fue drogada para, inconsciente, ser arrojada desnuda desde la azotea. El cuerpo presentaba varias quemaduras de colilla sobre la piel.

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Días antes de ser asesinada Jubany había recibido dos notas anónimas amenazantes: la primera junto a una botella de horchata y la segunda acompañada de un zumo de naranja. En ambos casos, las bebidas contenían somníferos. El caso se ha vuelto a abrir tras estar parado desde 2005 y prescribe en 2025. Montse Careta, la amiga de Helena que vivía en el lugar donde se encontró el cadáver, se suicidó en prisión aunque el principal sospechoso siempre ha sido el novio de Careta, Santi Laiglesia.

El caso Macastre

Las víctimas fueron Rosario, Valeriano y Pilar, de 15, 14 y 15 años, respectivamente. El 15 de enero de 1989, los tres jóvenes fueron a un bar en Catadau (Valencia). El bar fue el último lugar donde los vieron con vida, acompañados de un hombre que los invitaba a bebidas.

Cuando encontraron los cadáveres el hombre no fue procesado ya que no había pruebas que le vincularan a las muertes. Al día siguiente de la desaparición, un pastor llegó a una caseta que tenía en el campo, donde se encontró la cerradura forzada. En la cama estaba el cadáver de Rosario con la cremallera del pantalón bajada.

Una semana después de encontrar a Rosario, los investigadores hallaron un pie junto a un local de la calle Alcàsser de Valencia. Cuatro meses más tarde descubrieron que era de Pilar. En mayo, habían dado con su cadáver, que tenía la cara desfigurada y le faltaba un pie y una mano.

85 días después de encontrar el cadáver de Rosario, se encontró a medio kilómetro de la caseta el cadáver de Valeriano. Le faltaba una de las manos, las falanges de la otra y vértebras de la columna vertebral.

La familia Barrio

Era 2004, y la familia Barrio estaba en su casa. A las 5 de la mañana, alguien entró en la casa sin forzar la puerta. Era el asesino que acabaría con la vida de Salvador (el padre) Julia (la madre), y Álvaro (el hijo) de 12 años.

El asesino entró y apuñaló a Salvador 50 veces y a Julia, 17. Al hijo de 12 años le propinó 17 navajazos y luego le cortó el cuello. El principal sospechoso fue, durante mucho tiempo, Rodrigo, el hijo de 16 años que fue enviado ese mismo día a un internado. Nadie sabe quién los mató pero en la tumba del padre alguien puso la fase "te lo mereces".

El crimen del cortijo de Los Galindos

El 22 de julio de 1975, los trabajadores volvían después de su jornada hacia la finca Los Galindos, donde se encontraron con un quíntuple asesinato realizado con tres armas diferentes y en tres puntos distintos de la propiedad. Las víctimas fueron Manuel Zapata, capataz de la finca, y su mujer, Juana Martín; José González, tractorista, y su esposa, Asunción Peralta, y Ramón Parrilla, también tractorista. Los dos primeros fueron asesinados a golpes con una pieza de acero y posteriormente calcinados, los dos siguientes fueron golpeados con otra pieza distinta a la de Zapata y Martín y el último fue víctima de un disparo de escopeta.

El crimen, por su brutalidad, conmocionó a toda España. Se 'culpa' a la mala ejecución de la investigación de no haber encontrado al culpable y de haber facilitado que este suceso se convierta, hasta la fecha, en un crímen perfecto.

El crimen de Soledad Donoso

El 28 de septiembre de 1992, Soledad Donoso, una joven cordobesa de 18 años, salió de casa para ir a trabajar a la pizzería. Una hora y media después, su familia recibió una llamada del dueño del restaurante para informar de que Soledad no había aparecido. 

Doce días después de su desaparición, un cazador encontró su cadáver en una zona de acceso limitado en el río Guadalquivir. Estaba en avanazado estado de descomposición y solo pudieron reconocerla por la ropa. La autopsia determinó que Soledad Donoso había fallecido el mismo día que desapareció.

Su cuerpo sin vida tenía la ropa puesta pero su cabeza se encontraba a un metro del resto del cuerpo, descarnada y con el pelo arrancado. Tampoco tenía una de sus manos y le faltaban algunas vértebras. La Policía sospechó de dos hombres: un chico que conoció durante la Feria de Córdoba y otro apodado 'Fali', que mantenía con Donoso una aventura a espaldas de su pareja. La Policía no pudo demostrar que fuese ninguno de ellos.

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