EXCLUSIVA: La entrevista más personal de Pedro Ruiz: "Pago un precio muy alto por las cosas que digo"

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  • 13-09-2021 | 21:09
  • Escribe: Bárbara Hermida Carrera

El famoso actor nos explica su punto de vista más íntimo sobre su trabajo... y sobre el amor.




Acogedor, discreto, elegante... así es el lugar escogido por Pedro Ruiz para esta entrevista; un lugar con mucho encanto, que comparte con su protagonista, en una bonita y soleada tarde de la capital española.

Un entorno ideal para una entrevista en la que el actor, director y escritor no sólo nos ha dejado conocer un poco más sobre su proyecto, el espectáculo '[email protected], reír nos cura', sino que también nos ha dejado saber un poco más sobre el corazón que se esconde detrás del personaje.



Sobre su trabajo...

P: ¿Alguna vez te ha pasado, sobre el escenario, algún momento de 'tierra trágame'?

R: Sí, bastantes veces. Pero como son espectáculos bastante heterodoxos, lo importante es inventarse otra cosa y salir del paso. Yo, en general, me entrego mucho porque tengo vergüenza torera, pero salir al escenario es un estado de enfermedad: antes de salir, siempre me pregunto a mí mismo '¿por qué me meto en este lío?'. Yo soy muy tímido, aunque no lo parezca. Y cuando veo antes de salir todas las perchas que tengo ahí, con todo lo que voy a ponerme... me digo, '¿Qué hago en este lío?'. 



Si estamos un día en una fiesta privada y alguien me dice que coja una guitarra y cante una canción, si puedo, me lo ahorraré. Sin embargo, en el escenario hay que hacerlo; como ya te has comprometido, y hay 300 personas esperando, pues vas, y lo haces.

P: En el espectáculo nos explicas que todos nos morimos...



R: Eso es una frase de ocurrencia final que la dije el día del estreno, pero sí. Está bien pensarlo, ¿para qué morirnos enfadados? Mi amigo Jordi Évole me dice siempre que uno de mis pensamientos favoritos es eso de que "nada es para tanto"; ni siquiera nosotros. No lo digo en tono pesimista, que luego lo soy, un pesimista vitalista, pero pasamos por aquí un rato, y nos vamos. No hay más.

P: Y en ese paso corto en el que estamos aquí ¿qué quieres dejar?



R: Alguna luz, y ninguna mierda, si es posible. Algún síntoma que le pueda servir a alguien para pensar lo suyo. Porque todo lo que quieras imponer, al final, se vuelve contra ti. Convencer es muy pesado y además, no sirve para nada.

P: ¿Y qué querías demostrar, o convencer, que ahora ya no?

R: Quería demostrar esa estupidez del 'tengo razón'. Y no tengo razón, ni yo ni nadie. Yo ya no quiero tener razón, quiero tener derecho a no tener razón. Que no es lo mismo.

Antes me peleaba mucho con el espectáculo, quería establecer una pugna con la realidad. Es inútil; con lo cual, ahora, este espectáculo marca un punto de inflexión con lo anteriores; no quiero sentar cátedra, es por divertirnos. Y en el 'por divertirnos', hay mucho fondo.

P: ¿Te consideras una persona sincera?

R: No sé si sincera o hasta un punto temeraria. Pago un precio muy alto por las cosas que digo y las que pienso, porque no formo parte de los grupos dominantes, pero no me importa.

P: ¿Alguna vez te has metido en un lío por decir lo que piensas?

R: Permanentemente. Se paga un precio muy alto por ser un disidente, pero con el tiempo te acostumbras. Yo no estoy en los grupos privilegiados, ni intelectuales, ni políticos. Soy un elemento que se ha genereado una especie de estatuto particular y camino por ahí. No acepto premios, de los que son la opinión de unos cuantos señores reunidos... ni me importa, ni me interesa, ni lo desdeño. Creo que el premio es que la gente se ría o se emocione con lo que haces.

P: ¿Ha habido alguien a quien le haya molestado que les representaras?

R: En general, no; en mis espectáculos no hay afán de doler. Yo hago esperpentos, cosas inventadas, y en general no he tenido problemas. Como anécdota, en el caso de Alfonso Guerra, le inventé que él decía 'pasmao'. Y él no lo había dicho, pero a la gente se le quedó. Y Alfonso me decía: "me has jodido la vida, porque voy por ahí y todo el mundo me dice 'pasmao', y yo no lo he dicho en mi vida".

P: ¿Es por cosas así por las que le tienes un poco de manía a la televisión?

R: No, no le tengo manía. Le tengo manía a la televisión que estropea a la sociedad. Hay una cantidad de telebasura tan extraordinaria que, al menos, merece una reflexión. Del diluvio de mierda que nos está cayendo... ¿qué va a salir?. Yo no cambio popularidad por dignidad.

P: Así que te consideras de la vieja escuela

R: Yo no soy de la vieja escuela; soy de la buena escuela. El propósito es lo que las define. Por ejemplo, ahora hay muchas entrevistas que son emboscadas. Hay un señor, con pinganillo, y un equipo detrás que le dicen lo que tiene que decir. Y por encima, políticos y financieros que han decidido que eso sea basura. No hay tiempo: solo decir dos chorradas, dos cagadas, poner un vídeo antiguo y un tuit que publicaste ayer.

P: ¿Aceptas bien las críticas?

R: Si no tienen saña personal, sí. Tengo un pensamiento, y es que "el culpable de tu ira no merece tanto éxito".

P: ¿Algún arrepentimiento?

R: Grave, no. De corregir algún asuntillo, sí. Por ejemplo, lamento mucho haber gastado los últimos 20 años de mi vida hablando de políticos. No es nada importante, ni intersante. Son siempre lo mismo.

 

Y sobre el amor...

P: ¿Tú te consideras una persona romántica, aunque solitaria?

R: Sí, me considero un romántico en el sentido más amplio. El romanticismo no es enviarle flores a tu pareja, también es ir contracorriente. Para mí, el mayor romántico es Cyrano de Bergerac, que le presta sus poesías a un joven y sin embargo, se enfrenta a ejércitos y guardias... eso es ser romántico, ir contracorriente y resistir. Como decía Machado, "solo le canto mi copla a quien por mi camino va". Yo no trato de convencer a nadie, yo voy cantando mi canción: si te gusta, me acompañas; si no, yo la sigo cantando.

P: ¿Esa crees que es tu mayor virtud a la hora de encontrar a una persona en el camino?¿Mostrarse sin filtros?

R: Y lo mismo en el caso de la otra persona. Es que no se puede forzar a nadie a nada. Porque todo lo que fuerzas, te acaba estallando en la cara. Porque lo importante en una pareja, en mi opinión, no es con quién te quieres acostar, sino a donde quieres volver.

P: Entonces.. ¿tú buscas sinceridad?

R: Dicho de un modo poco pragmático, busco fragancia. Y confort, en el sentido de que cuando estás en esa compañía, estás mejor que solo. Porque con quien no te da paz, no hay que estar. ¿Qué luego hay atracción? Que la haya. Pero eso son tretas, travesuras... no es unión. A mí me gustan las personas fragantes. Es decir, natural, fresca, sencilla... valiente. Porque las cosas importantes, o son fáciles, o son imposibles.

P: ¿Una cosa que te gusta de la sociedad actual que no existiese, por ejemplo, hace 30 años?

R: Me cuesta encontrarlo. Quizás la mirada que están teniendo algunos jóvenes ahora de volver al campo, y a las cosaas sencillas. Porque lo único verdadero es la naturaleza. El mar, el viento... no engañan. El ser humano sí. ¿Qué es esto de ir ahora a conquistar Marte? ¿Para joder Marte también? No te vayas tan lejos, arregla lo que tienes cerca.

P:¿Alguna vez te has dejado llevar por una moda?

R: No, creo que no. No me preocupa mucho; las modas son cárceles pasajeras. Y lo que antes valía, ahora ya no... refugio pasajero donde se sienten seguros los gilipollas.

P: ¿Y el amor es ese gran refugio ante los fracasos?

R: El amor es una red que nos impide estrellarnos en el vacío de la vida. Pero primero hay que saber si es amor; el amor que puede con todo se suele pregonar poco. Un abrazo verdadero es un refugio. Un polvo, no.

P: ¿Cuándo fue la última vez que te dieron un abrazo de los que son refugio?

R: Ahora hace mucho. Hará cinco o seis años. Lo malo de las historias de la gente popular, es que nadie sabe nada del otro. Por eso deberíamos ser más cuidadosos [...] No se puede liquidar toda la imagen de una persona, toda su vida, con una palabra: este es rojo, es bajito, es maricón... cuidado, que estamos hablando de cómo toca el violín. 

P: ¿Y crees que por eso sigues soltero?

R: No, a lo mejor el que no es un refugio estable soy yo. Pero es que yo no he querido tener hijos, aunque respete perfectamente que otras personas hayan tenido hijos con otros. Yo creo que habría sido un gran padre, porque he sido un buen hijo; pero es que no tengo interés alguno en aleccionar a nadie sobre cómo salir de este atolladero. Porque para mí, est mundo que se está creando, de la digitalización, de las prisas... no me gusta. Si estamos aquí para que nos dé el viento en la cara, para estar en la playa con una guitarra y comer un bocadillo de anchoas. Nada más.

P: ¿Y cuál es tu futuro más próximo? ¿Dejar que las cosas surjan?

R: Siempre he tenido un proyecto, que es ser digno, y no rendirme, eso es todo. Ya que pasamos por aquí poco rato, y que la vida es muy inexplicable, se trata al menos de no ensuciar.

P:¿Y a corto plazo? ¿Quién serás de aquí a un año?

R: Pues todo el tiempo seré lo mismo: uno que lo intenta. Y uno que se morirá. Y uno que no se venderá nunca. Que se equivocará como todos, pero no perpetrando una equivocación en favor propio. No hay más.

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