Este es Marcel Petiot, uno de los mayores asesinos de judíos durante la Segunda Guerra Mundial en París

  • Enciclopedia
  • 05-05-2021 | 09:05
  • Escribe: Macarena Moreno




El que fuera médico tenía en su casa de la ciudad francesa varios cuerpos sin vida

Marcel Petiot ha pasado a la historia como uno de los asesinos en serie que durante la Segunda Guerra Mundial se encargaba de matar a los judíos y quemar sus restos en la chimenea. 

Petiot fue desde pequeño una persona con un comportamiento extraño en el que la violencia y la tortura de los animales le fascinaba demasiado. 



Pero fue en el año 1916 cuando se tuvo que unir a las tropas de infantería del frente en la Primera Guerra Mundial cuando el mismo desarrolló un enorme desequilibrio mental. 

A partir de este momento, Marcel comenzó a tener varios brotes psicóticos e intentos de suicidio que fueron tratadas en un hospital psicológico sin resultado alguno. 



Estos hechos hicieron que el ejército le retirara el uniforme, aunque por aquel entonces el francés ya se había apuntado a la carrera de medicina que daban a los veteranos de guerra y comenzó a ejercer la profesión.

Durante su etapa como doctor realizó una gran cantidad de negligencias entre las que se encontraban abortos ilegales o facilitar a los pacientes opiáceos y opioides.



Después, con la Segunda Guerra Mundial el médico engañó a miles de judíos que se encontraban en la ciudad parisina prometiéndoles que les iba a ayudar a escapar hasta Argentina por 25.000 francos por persona. 

Una vez que lo conseguía, este los mandaba hasta su casa donde allí les aseguraba que les iba a poner una vacuna para no contraer cualquier enfermedad. 



Pero en realidad lo que estas inyecciones guardaban en su interior era cianuro, por lo que una vez que la persona era inoculada la encerraba en una sala y esperaba a que muriera. 

Después les robaba todo lo que llevaban en sus maletas y se deshacía del cuerpo tirándolo al río Sena.

Para huir de la justicia, Marcel Petiot se encargó de llevar todas las pruebas que lo podían incriminar hasta su sótano y allí realizó un horno crematorio donde quemó varios papeles y restos de las víctimas.

Pero lo que no sabía era que la gran humareda negra que iba a generar esto llamaría la atención de sus vecinos, quienes llamaron a la policía y la misma se personó en el lugar descubriendo todos los asesinatos. 

Los agentes comenzaron una investigación y el médico estuvo 7 meses en búsqueda y captura. 

Finalmente, las tropas francesas le tendieron una trampa y el asesino fue arrestado y encarcelado.

Durante los juicios que se realizaron se le sentenció como autor de 24 asesinatos y se le añadió una pena de muerte en la guillotina que se efectuó el 25 de mayo de 1946.

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