El turbio paso de ´El Chaquetas´ Sala i Martin por el Barça

  • Dossiers
  • 07-03-2019 | 08:03
  • Escribe: Guillermo Vives

Repasamos la relación con el Barça de este economista que defiende la independencia de Cataluña.


Xavier Sala i Martin es un catalán con nacionalidad norteamericana al que se conoce por "El Chaquetas" por las estrafalarias americanas que gusta lucir. Tiene cierto prestigio como economista y es un abanderado del separatismo catalán en la sombra. Nunca en primera línea, pero siempre dispuesto a ofrecer a la causa sus conocimientos en economía y a ejercer de martillo pertinaz contra el españolismo a través de las redes sociales, un tema que domina muy bien y en el que destaca por su agresividad.

Sala i Martin, del que mañana abordaremos su faceta como economista e independentista, tuvo el dudoso honor de compartir con Joan Laporta el último año de su gestión en el FC Barcelona, el más oscuro de sus siete años de mandato, aunque siempre estuvo en el Barça por su condición de presidente de la Comisión Estatutaria. Como tesorero, Sala i Martin se encargó de validar todos los desmadres económicos que se produjeron en el club azulgrana en esa época, dejando un pufo de 77, 1 millones de euros de pérdidas en lugar de los 11,1 millones de beneficio anunciados por su gestión, unos datos que no fueron auditados y que Deloitte cifró con un desfase de 89 millones de euros, debido a la existencia de nueve salvedades o incertidumbres contables. Laporeta y Sala Martín dejaron en 2010 una deuda neta de 442 millones. La deuda bruta alcanzaba los 552 millones, con una deuda de terceros que supera los cien millones de euros.


En esos dos años de presencia de Sala i Martin en la junta directiva del Barça Joan Laporta derrochó en jets privados, hoteles de lujo, restaurantes de cinco tenedores, compras navideñas y  juergas en discotecas 318.000 euros de difícil justificación cargados en la tarjeta visa de su guardaespaldas de Laporta, que era quien pagaba las facturas del jefe.

Cuando Sandro Rosell entró en el Barça se encontró con una factura del restaurante Botafumeiro por valor de 26.000 euros. Es sólo un ejemplo. Sala i Martin justificó esta factura sin pestañear: "Los guardaespaldas tenían que comer después de haber estado trabajando durante todas las vacaciones, incluida la Nochebuena". Está muy claro. 26.000 euros en una noche. ¿Cuántos guardaespaldas serían y qué comerían y beberían para llegar a esa cifra?


Sala i Martin ingresó en la Junta directiva del club el 23 de abril de abril de 2009, en calidad de vocal del área económica, y ocupó el cargo de tesorero desde el 13 de noviembre de ese año hasta junio de 2010, cuando Joan Laporta dejó la presidencia de la entidad. Era justo cuando más lo necesitaba Laporta para preparar su salida del club dejándolo todo atado y bien atado en su último año. De hecho Sala i Martin no pudo entrar a formar parte en la directiva de Joan Laporta elegida en las elecciones de 2003 porque había sido dado de alta como socio del club deprisa y corriendo y no tenía los dos años de antiguedad que los estatutos del club exigían para formar parte de la junta. 



Se trataba de preparar el relevo con Rosell (se odiaban) de forma que los papeles y los números estuvieran en orden maquillando lo que hiciera falta. Por ejemplo detalles como que mientras en una gira del equipo por Estados Unidos en 2009 los jugadores compartían habitaciones valoradas en 159 dólares la noche, Laporta se alojaba en una de 5.000 dólares del hotel Four Seasons de Seattle (Washington). Sala i Martin se pregunta con todo el descaro: "¿Hizo mal?" Y se responde:  "No, cuando uno tiene obligaciones importantes, es bueno que el club pague más para que las pueda atender".

"Las facturas de aviones, del Luz de Gas o de la rostisseria Lolita eran absolutamente irrevelantes", sostenía Sala i Martin para defender al amigo que le llevaba de viaje por Asia y Estados Unidos a cuerpo de rey. 

Vamos a repasar aquí la trayectoria de este economista independentista en el Barça y su relación con Joan Laporta.

Sala i Martin, un culé de conveniencia

"Yo votaré a Laporta", escribió en La Vanguardia en 2003 Xavier Sala i Martín. Y fundamentaba su decisión en que en su candidatura iba un vicepresidente deportivo con experiencia universal, Sandro Rosell. Un buen motivo, sí señor. Así pensaba en 2003 este economista nacido en Cabrera en 1963 y conocido por el dudoso gusto de las americanas que viste y que utiliza para diferenciarse de "los borregos intelectuales”.

Fan de Sandro Rosell

Durante las elecciones de 2003 Sala i Martin no ocultaba su admiración por el luego "traidor" y enemigo irreconciliable Sandro Rosell en un artículo publicado en La Vanguardia el 11 de junio de 2003: "Ya sabemos quiénes serán las figuras claves de la estructura deportiva del club. Joan Laporta cuenta con Sandro Rossell. Lluís Bassat propone a Pep Guardiola. Sandro Rossell fue un alto ejecutivo a nivel mundial para los temas de fútbol de la empresa Nike. Para desempeñar ese cargo, tuvo que mantener una red global de observadores de deportistas, pelearse con empresarios, futbolistas y representantes, tuvo que estar metido en el mismo mundo en el que deberá actuar como responsable del área deportiva del Barça. Se trata, pues, de una persona con mucha experiencia en el complicado mundo del negocio futbolístico".

Seis años después diría de él en El País: “Lo curioso es constatar que en el lado equivocado de todas esas decisiones capitales estaba Rosell, que no puede ver a Txiki, que quería a Scolari, que no quería fichar a Eto'o para no irritar a Florentino Pérez y apostaba por Adriano, como si el presidente del Barça tuviera que claudicar ante el del Madrid”. Una espectacular mutación en un hombre que o no sabe de qué habla o miente (antes o después) o defiende lo que le dicen que defienda.

¡Pecado! No creía en Pep Guardiola

Pero las contradicciones de Sala i Martin no se acababan aquí. En el mismo artículo sostenía en 2003: “Pep Guardiola fue un gran jugador. Uno de los mejores. Pep siempre demostró serenidad, prudencia y sentido común. El problema es que Lluís Bassat no quiere contratar a Pep como jugador, sino como director deportivo, cargo en el que no tiene ninguna experiencia. Es verdad que uno aprende trabajando. Pero también es cierto que, en el proceso, uno comete errores de calado. Ninguna empresa multinacional contrataría a un estudiante recién graduado para ejercer de director general. Y el Barça tampoco debería hacerlo. El Barça necesita profesionales consagrados, que conozcan el mercado ahora (no el año que viene) y que den resultados inmediatos. Cuando Bassat nombra a Guardiola para una posición tan importante demuestra que antepone la “publicidad electoralista” a la “eficiencia económica”. Sí, Pep le puede dar votos, pero el paso de Gaspart por la presidencia nos demuestra que lo realmente importante es la gestión tras las elecciones”.

Sala i Martin no quería becarios, despreciaba a Guardiola y apostaba por Rosell. Luego acabaría rindiéndose incondicionalmente a otro becario, Txiki Begiristain, que no aportaba la experiencia que él reclamaba para su función. Guardiola no servía, por inexperto. Txiki, con las mismas horas de vuelo (cero) en cambio luego fue el secretario técnico ideal. Luego Sala i Martin presumiría de Pep Guardiola como entrenador porque Laporta le dio la oportunidad de entrenar al primer equipo siendo un becario sin experiencia. 

¿Sala i Martin un payaso?

Recién nombrado presidente de la Comisión Económica y Estatutaria del club, Xavier Sala i Martin manifestaba a Mundo Deportivo: “Cuido de que el club no se gaste todo el dinero ni haga 'trampas', como ha sucedido en otras ocasiones y con otros presidentes”. Éste también era de los que pensaban que la honestidad en el Barça no existió hasta que él y sus amigos aterrizaron en el Camp Nou. Sin embargo, Laporta le dejó con el culo al aire en este tema. Mientras Sala i Martin denunciaba “trampas” de otros gobernantes, el presidente no era capaz de encontrarlas. ¿Mentía quizá el mediático economista famoso por sus americanas?

No volverán a repetirse situaciones sospechosas porque creo ciegamente en esta junta, en Laporta, en Soriano… Son gente honesta. No los conocía antes de nada pero si no me fiara de ellos no habría aceptado nunca este cargo ya que, si ellos engañan, yo quedaría como un payaso, sería un suicida teniendo en cuenta mi prestigio en el mundo. Yo vivo de mi nombre, de mi reputación y no puedo permitirme que en el Barça haya un desfalco”. Insistía en la denuncia de las “situaciones sospechosas” que se dieron en el pasado con la misma energía que Laporta empleaba echando tierra sobre las alfombras. No iban coordinados. Interesante, por otra parte, la afirmación: “Si ellos engañan, yo quedaré como un payaso”. Lo decía él. Se fue del Barça anunciando un superávit de 11 millones que luego se vio que eran casi 80 de pérdidas. El panorama económico que él dejó exigió de un nuevo crédito por valor de 150 millones y obligó a Rosell a malvender a Chygrynskiy deprisa y corriendo para pagar las nóminas de junio de 2010.

Evitar el despilfarro

Para ganarse el privilegio de convertirse en presidente accidental del club cuando se produjera un vacío de poder o se convocaran elecciones, Sala i Martin tuvo que acumular méritos haciendo la pelota hasta límites insospechados: ”Soriano tiene grandes ideas, es un hombre muy inteligente y dedica más de diez horas diarias al Barça sin cobrar un euro cuando en una multinacional estaría cobrando una millonada. Lo que hace es de admirar (…) Mi misión es evitar que el club se hipoteque y asesorar en todos los gastos para que no ocurra lo de años anteriores”.

Por eso miró hacia otro lado cuando sus amigos mejoraban año a año caprichosamente los contratos en vigor de los jugadores, cuando se derrochaba el dinero en el baloncesto y las secciones, se hinchaba la nómina de empleados injustificadamente, se cogían aviones sin medida o se invitaba a amigos y enemigos al restaurante Drolma del fiel Puig a 250 euros el cubierto y a la salud del socio. Quedaba claro que, a diferencia de Soriano, Sala i Martin no le dedicaba ni una hora ni diez minutos al Barça. De lo contrario no hubiera permitido que se iniciara el laportismo bajo la mentira de una deuda que fue hinchada interesadamente.

Se acabó la división

La nueva junta no ha querido remover el pasado y creo que ha hecho bien, no valía la pena. Se venía de muchos años de odio, de Nuñismos, Cruyffismos y Vangaalismos y hacía falta esta calma actual en el club para trabajar tranquilos”. Para no querer remover el pasado, el tema de la mochila en boca de Soriano fue demasiado recurrente. Como sus constantes referencias a la dudosa honradez de anteriores gestores.

Aunque, realmente, teniendo en cuenta que no levantaron ninguna alfombra ni censuraron ningún aspecto de la gestión anterior después de los resultados de una Due Dilligence que no quisieron comunicar al socio, hay que admitir que ciertamente la junta de Laporta no quiso remover el pasado. Sin embargo, conviene recordar que en esos años de odio mucho tuvieron que ver quienes se encargaron de crispar el ambiente para hacer del Barça un club ingobernable. Y en eso tuvo buena parte de responsabilidad el amigo que le nombró a dedo presidente de la Comisión Económica y Estatutaria y luego le ofreció un cargo en la directiva.



En lo que hay que darle la razón es en lo de que “hacía falta calma para trabajar tranquilos”. Para ello nada mejor que la retirada del nuñismo y la entrada a saco en el club del cruyffismo con el objetivo de influir en la toma de las decisiones trascendentes. Se acabaron los años de odio. Gracias a Laporta ya no había división. Ahora sólo existía el laportismo-cruyffismo. Los otros, efectivamente, supieron ofrecer la calma necesaria para que la junta de gobierno trabajara tranquila. Justo lo que nunca supo ni quiso hacer Laporta, un experto en remar en dirección contraria cuando el que mandaba no era él.

Socio del Barça por interés

Hablaba del Camp Nou: “No tiene sentido que uno de los espacios más privilegiados de Barcelona, junto a la Diagonal, esté vacío 13 de cada 14 días. Esto no nos lo podemos permitir. Es una pérdida de recursos para los socios y para los ciudadanos. Se podía hacer un gran negocio con este espacio: construir restaurantes, tiendas, centros de ocio o aprovechar las instalaciones para celebrar convenciones”. Se podía, se podía… Pero la imaginación de Ingla, el talento de Soriano y el ingenio de Laporta no daba para más.

Ni siquiera para cumplir los sueños de este barcelonista de nuevo cuño que se sacó el carnet de socio un año antes de las elecciones de 2003, quizá porque alguien le informó de que ese formulismo era imprescindible para acceder a la presidencia de la Comisión Económica y Estatutaria. El suyo no era, de todas formas, un caso aislado en el entorno de Laporta, que convirtió al barcelonismo a muchos a quienes el Barça les había importado un rábano hasta el momento en que su amigo se hizo con el poder.

Avui explicaba que “aceptó de buen grado ser el presidente de la comisión cuando Laporta se lo pidió. Tenía que ser un culé (socio 91.284) muy preparado y de gran confianza”. Sería muy culé, pero no lo suficiente como para ser socio sin necesidad de que Laporta se lo pidiera en 2003. Por eso no pudo postularse como presidente de la Comisión Económica hasta 2004, una vez consumido el año de antigüedad como socio exigido por los estatutos. Su incorporación tardía y repentina al barcelonismo sonó a unión de conveniencia. De su preparación no se dudaba, aunque existieran interrogantes fundados acerca de su buen gusto y estilo. Y nada que objetar a la confianza que pudiera generar en la junta de Laporta. Era uno de los suyos, el que se encargaría de validar sus cuentas y de defender sus intereses cuando ellos no estuvieran. Eso merecía que irrumpiera en el Barça con una localidad de tribuna de excelente ubicación, el sueño inalcanzable de muchos socios en lista de espera durante años, y plaza fija en el palco de autoridades. A fin de cuentas, ¿no era él una autoridad competente en el régimen de Laporta?

Conexión con el PP 

En el Barça uno no gana para sorpresas. Todavía no superado el shock de la militancia del cuñado directivo del presidente en las filas del franquismo del siglo XXI, en julio de 2006 nos enterábamos de que Xavier Sala i Martin sacaba a la luz un ensayo editado por la FAES y prologado por Esperanza Aguirre, la controvertida presidenta entonces de la Comunidad de Madrid.

El contenido de la obra se basaba en una conferencia pronunciada por Sala i Martin en el Campus FAES de Navacerrada en julio de 2005. Hay que recordar que el presidente e ideólogo de la Fundación FAES no es otro que José Maria Aznar. Es de suponer que este buen rollo con el PP de uno de los personajes más emblemáticos del laportismo responde al ideario del presidente, ese que le llevó a decir el 2 de junio de 2006: ”El Barça camina en España al lado de los sectores progresistas y en defensa de los valores democráticos”. Quedaba claro que el Barça de Laporta y sus amigos caminaba al lado de quien hiciera falta en función de las circunstancias. Y es que Sala i Martin tiene amigos hasta en el infierno.

Su retrato de Laporta

El 18 de julio de 2006, a sólo unos días de acceder a la presidencia provisional del club, publicaba Sala i Martin un artículo sin desperdicio en La Vanguardia: ”He pensado que se podría introducir un carnet por puntos para todos los políticos… El truco es que los podríamos echar individual o colectivamente cuando cometieran un cúmulo de irregularidades menores, infracciones que restarían puntos en función de su gravedad”.

Es decir, Sala i Martin era partidario de “echar” a alguien capaz de quedarse en calzoncillos en el aeropuerto avergonzando a sus representados, o al que se liara en una gresca barriobajera con un ex empleado en la puerta de un restaurante o al que sacara del coche a su chófer, también en la vía pública, increpándole públicamente, o al que viajara en jet privado sin aclarar si lo hacía a cuenta del club o de su bolsillo, o al que utilizara el presupuesto del FC Barcelona para espiar a sus propios directivos, o al que colocara en nómina del club a una amiga muy especial o al que se rociara con champán en un local público… por citar unas pocas “irregularidades menores”. Pero eso sólo valía para la política. El presidente del Barça podía hacer lo que le viniera en gana en su república independiente.

Esta era su propuesta: "Incumplir las promesas electorales también se castiga con 12 puntos". ¿Entraría en este capítulo no fichar a Beckham, vender patrimonio, no encontrar un sponsor, patearse entre los directivos las entradas de las finales, ampliar la nómina de empleados de forma injustificada o tontear con el franquismo mientras se colocaba al club en la vía catalanista?

Su marcaje a los políticos

"Pasearse en helicóptero con la familia cuesta 3 puntos. Intentar explicar ese abuso con el rollo de la conciliación familiar de la vida laboral y familiar, 3 puntos más por intento fallido de tomadura de pelo. Colocar en la Generalitat a todos los hermanos, primos, amigos y mascotas después de criticar a Jordi Pujol porque su hijo tenía no sé qué cargo insignificante, 3 puntos". ¿Cuántos puntos habría que restarle a su amigo, el entonces presidente del Barça, por pasearse por el mundo a cuerpo de rey en avión y jet privado y ponerse como un bacó a cuenta de los socios del Barça y sin dar explicaciones? ¿Y por sus intentos fallidos de tomadura de pelo pensando que todo el mundo tragaría con cualquier cosa que dijera? ¿Y por instalar en el club a su cuñado y a su prima y a los conocidos de sus familiares y amigos del colegio después de criticar a Núñez por colocar a su hijo? ¿Habría sido necesario quizá inhabilitarle de acuerdo a lo propuesto por Sala i Martin? ¿También habría que penalizar los viajes inútiles de los familiares y amigos, incluido el propio Sala i Martin? Eso valía para los políticos, no para los que reinaban en el Barça, claro.

Los vetos de Laporta a los periodistas

Y castigaba con tres puntos más a los que prometían “la reducción del número de altos funcionarios para acabar multiplicándolos o fardar de manos limpias para acabar extorsionando a los empleados”. En cuanto a multiplicar el número de empleados del club, su admirado Laporta se quedó solo, incluso extorsionando a quienes no le bailaban el agua. De eso podrían hablar, y mucho, el ex director del museo, o Josep Colomer, o Laura Alsina o Anna Xicoy, el malogrado Ricard Maxenchs o… sus propios vicepresidentes.

"También cuesta 3 puntos el presentarse a las elecciones denunciando la falta de independencia de los medios de comunicación y acabar haciendo listas negras de periodistas sospechosos, expulsar a tertulianos no afines...". No quedaba claro si se referiría a los políticos o a su amigo Laporta, el que iba vetando periodistas y convertía en enemigos de la patria blaugrana o miembros de una supuesta caverna mediática a los que no le aplaudían de manera incondicional. ¿No era Laporta el que elegía medios afines para explicar sus versiones en lugar de dar la cara ante todos los medios independientes? ¿No era Laporta quien decidía la identidad de los periodistas que debían hacerle preguntas en los programas de televisión

No concede entrevistas

En su toma de posesión como presidente accidental en 2006, durante el periodo electoral, Sala Martin advirtió a los informadores que no concedería entrevistas, un género que luego utilizaría él para hacer intrusismo en la profesión periodística formulando preguntas a los candidatos a la presidencia de la Generalitat de Cataluña en La Vanguardia. Ahí le salió a Sala i Martin con Montilla la vena crítica que tan anestesiada tenía con su amigo Joan Laporta. La decisión de no conceder entrevistas en su calidad de máxima autoridad del club explicaba con meridiana claridad su predisposición a la transparencia. Debía imaginar que los periodistas deportivos no podían entenderle. Por tanto, lo mejor era sumir al club en el oscurantismo más absoluto. Cuanto menos supiera el socio, mejor.

Elecciones a la medida de su amigo

El economista advirtió que se esforzaría en su objetivo de garantizar unas elecciones limpias. Quizá por eso, por su desmedido interés por preservar la pureza del proceso, consideró ideal el mes de agosto para recoger firmas y realizar la campaña electoral de 2006, fijando el 3 de septiembre, día sin partido en el Camp Nou, como la fecha más adecuada para programar la votación, aunque los estatutos recomienden hacer coincidir la visita a las urnas con un día de partido en casa. Todo de acuerdo con el estilo Laporta, que por algo fue Laporta quien le colocó en ese lugar de privilegio.



Y para que quedara claro cuál era su bando, se apresuró a manifestar cínicamente que “el juez García Ceniceros dijo que la convocatoria de elecciones debía hacerse de manera inmediata. Busqué en el diccionario y en catalán quiere decir “inmediatament”. Un chiste fácil y tonto que venía a ser un serio aviso para navegantes. Si alguien, que era mucho suponer, se atrevía a hacerle la competencia a Laporta e intentaba moverle la silla, se las tendría que ver con él. De entrada lo dejaba entrever con su gracieta absurda.

Sala i Martin intentaba convencer al mundo de que no quedaba ningún miembro de la junta de Laporta en la gestora para “garantizar la máxima transparencia e imparcialidad”, como si su presencia no fuera de por sí suficientemente sospechosa de sectarismo a favor de los intereses de quien le había puesto ahí. En realidad no haría falta la presencia de ningún directivo saliente, Sala Martin se bastaba para velar por sus intereses mejor que ellos mismos, como quedaría probado en los últimos meses de laportismo.

Culé ignorante

El 8 de noviembre de 2006 respondía a los críticos de Laporta en TV3 ofreciéndoles soluciones pintorescas si no estaban conformes con su gestión. Y Miguel Rico le respondía en Sport: ”El profesor Sala i Martin será, con innegables merecimientos y grandes honores, el presidente de la Comisión Económico Estatutaria del Barça, pero se le fue la olla. De lo contrario no habría declarado en TV3 que, si los socios barcelonistas no estaban de acuerdo con el protagonismo electoral de Laporta, ya sabían lo que debían hacer: No votarle en las próximas elecciones a la presidencia del Barça. Una memez del señor Sala porque esa factura ya no se le puede cobrar. Y es que Laporta, tras dos mandatos, ya no podrá presentarse a las próximas elecciones, a menos que se puedan cambiar los estatutos y nosotros no lo sepamos... pero el señor Sala, sí”.

Teniendo en cuenta lo tardío de su incorporación a la masa social azulgrana, puede entenderse su ignorancia sobre temas tan elementales en la vida diaria del club. ¿Cómo puede llegar a presidir la entidad alguien que desconoce el artículo 29 de los estatutos? Si se los hubiera leído hubiese sabido que "El presidente o presidenta de la junta directiva sólo podrá ejercer el cargo por un máximo de dos mandatos consecutivos". Unos no saben cómo acaba El Zoo d´en Pitus y otros no tienen ni idea del contenido de los estatutos del Barça.

El Mini no sirve para nada

Fiel a su teoría de la justificación laportista, sostenía Sala i Martín que “el Miniestadi no sirve para nada", añadiendo que su venta no supondría pérdida de patrimonio. "Tenemos que vender el Miniestadi. No hay ningún club, empresa o lugar del mundo civilizado que quiera tener en la Diagonal de Barcelona unos terrenos que no sirven para nada. Y cuando digo para nada es para nada. Los equipos inferiores ya tienen la Ciudad Deportiva Joan Gamper y por tanto no sirve (el Miniestadi) para nada. Cualquier persona normal, multinacional o club que tiene unos terrenos que no sirven para nada los quiere rentabilizar. Yo les rentabilizaría inmediatamente. Lo que no tiene sentido para la salud económica de un club es vender los terrenos y comprar jugadores. Lo que tienes que hacer es vender estos terrenos y que te den dinero. Y una manera de rentabilizar ese dinero es invertir en el Camp Nou para que rindan".

Lo que no se planteaba Sala i Martin es por qué el Miniestadi no servía para nada. Su visión simplista y poco fundamentada de la realidad blaugrana no iba más allá de las consignas laportistas. Hubiera sido demasiado pedirle a Sala i Martin una reflexión sobre la situación del fútbol base en general y sobre el Barça B en particular, deambulando en esa época dos categorías por debajo de lo que le correspondía. Ese era el verdadero problema del Miniestadi, no estar ocupado por un equipo de Segunda A. Pero a él sólo le interesaba el dinero. Lo demás era secundario. Lejos quedaban las críticas de Laporta y su Elefant Blau a Núñez por querer mercantilizar el club a costa de aparcar el sentimiento. Qué fácil era jugar con el patrimonio de los socios con absoluta impunidad. Y sin ofrecer explicaciones sobre nada.

Convenciones y comuniones en el Camp Nou

"Este estadio se puede utilizar 14 días de cada 14 días, pero ahora tal y como está no. Insisto, el Miniestadi no sirve para nada, no juega nadie allí. Por tanto, el Camp Nou lo podemos transformar para que se puedan hacer convenciones, para que la gente lo visite más aún, para niños que quieran hacer comuniones allí, yo que sé, que haya vida 14 días sobre catorce. Si podemos crear 10.000 asientos más y los podemos vender a 1.000 euros, te salen 10 millones de euros al año".

El Camp Nou no necesitaba de la venta del Miniestadi ni de la remodelación de Foster para rentabilizarlo. Las convenciones y las comuniones se podían hacer igualmente sin ese recurso. Pero se trataba de habilitar 10.000 plazas nuevas para ingresar más. Aunque ese mismo año y el siguiente y el siguiente el Camp Nou presentara pobres asistencias. El Barça de Laporta crecía en número de socios, pero los aficionados iban alejándose paulatinamente del Camp Nou, cuyo aforo presentaba preocupantes huecos dejados por abonados desilusionados. Era difícil, pero Laporta lo consiguió, logró vaciar el Camp Nou en los malos tiempos y no supo llenarlo en los mejores momentos del triplete.

A la final de París con 18 entradas 

“La venta del Miniestadi estaba en el programa electoral de Laporta. No es por tanto una mentira electoral. Lo harán de acuerdo con el ayuntamiento y  las asociaciones de vecinos y pondrán de acuerdo a quien haga falta”. Lo que no decía es que ese programa electoral ni siquiera se llegó a exponer a los socios por la sencilla razón de que no hubo elecciones. Y no hubo elecciones ni debate para confrontar programas porque él mismo se encargó de evitarlo utilizando el poder que le confería su posición para favorecer los intereses de quienes le habían colocado ahí, los mismos que le dieron 18 entradas para viajar a la final de París. Y no, no fueron capaces de "poner de acuerdo a quien haga falta". Los vecinos no cayeron rendidos a los encantos del mesías Laporta. Y tampoco hubo unanimidad con los políticos, a los que hubo que presionar para conseguir su aprobación. Sala i Martín volvía a caer en un grave error de cálculo. Volvía a mentir.

El precio de Ronaldinho

Otra metedura de pata gloriosa de Sala i Martin en Catalunya Ràdio el 5 de abril de 2007: “Ronaldinho costó 27 millones de euros, que con la suma de salarios y bonus llegan a 60. Si lo vendes por 60 resulta que ha jugado gratis todos estos años, y si el Milan quiere hacer ahora una OPA hostil tendrá que pagar 125 millones”. Si por 60 millones habría jugado gratis, por 21, que fue su precio de venta, ¿cuánto perdió el Barça con su traspaso? ¿Por qué no denunció esta pérdida en la asamblea en su calidad de controlador económico de la directiva? Su vigorosa función de palmero de Laporta y Soriano –que aseguraba que Ronaldinho ya estaba amortizado- le llevaba a perder la poca credibilidad que le quedaba con afirmaciones como ésta. 125 millones por Ronaldinho… ¿A quién quería engañar Sala i Martin.

"Hay jugadores apartados"

Poco después de que Laporta pusiera patas arriba a un barcelonismo indignado por el tono y el contenido de un discurso realizado ante las peñas ("¡al loro!"), en el programa El Matí, de Catalunya Ràdio, Sala i Martin se encargó de encender un nuevo fuego declarando, el mismo día que el Barça afrontaba un trascendental partido de vuelta de la Champions League ante el Shalke 04, que "el Barça tiene algunos jugadores apartados y aislados del equipo", desvelando que esta circunstancia "se ha disfrazado con lesiones".



Dio a entender además que la identidad de esos jugadores se correspondía con los que se iban de "farra" y que acostumbraban a entrenarse menos que el resto de los futbolistas. Era evidente que se estaba refiriendo a Ronaldinho, Deco y Eto´o. Dijo textualmente: "Hay miles y miles de deportistas en todo el mundo, incluido estos que ahora están haciendo el vago, que en otros momentos cuando tenían dinero y tenían igual de mujeres trabajaban y tal. Hay muchos deportistas que trabajan mucho, incluso los deportistas del Barça, y creo que es injusto que por uno, dos o tres que estén yendo de farra todo el día, que van, y es verdad que de 60 entrenamientos sólo van a 22, ahora estemos diciendo que todos los jugadores del Barça están haciendo el vago y eso no es verdad y además es injusto ".

Lío con Ronaldinho

"Y también es injusto decir que el señor Laporta no está haciendo nada. Tenga en cuenta que estos señores que figura que no trabajan, que figura que no están haciendo nada, hace bastantes semanas que no juegan, hace bastantes semanas que están apartados, y disfrazamos que hay lesiones y tal, pero estos señores están apartados y se está intentando aislar a estos señores del resto del equipo. Por tanto no seamos injustos".

Sala i Martin se metió en un buen charco tratando de defender a quien le había permitido viajar y asistir a comidas, viajes y actos oficiales como si fuera un directivo. Volvió a tirar la piedra y a esconder la mano porque su valentía no daba para más ni le permitía facilitar nombres y apellidos. Prefirió extender la sombra de la duda sobre la plantilla. Pero, sin pretenderlo, había dejado por mentiroso a Laporta, quien hasta el último día defendió públicamente a Ronaldinho. Con la perspectiva del tiempo, no quedaba más remedio que dar por falsos los mil y un partes médicos que hablaban de un Ronaldinho con molestias cuando, en realidad, según Sala i Martin ocultaban las secuelas de las juergas. Si las palabras de Sala i Martín eran ciertas, alguien había estado embaucando, intoxicando y mintiendo a los socios desde dentro del club con informaciones falsas y un comportamiento que no guardaba ninguna relación con la transparencia prometida. Además, Sala i Martin empleaba la primera persona del plural, "disfrazamos que hay lesiones", lo que ponía de manifiesto que no hablaba a título personal sino que desvelaba particularidades de un estilo de gobierno compartido. También se incluía él, aunque no fuera entonces directivo y sí supuesto fiscal de la gestión de la junta.

Txiki le desmiente

Txiki Begiristain no tuvo más remedio que salir al paso y dejar por mentiroso a quien tanto le había defendido en las asambleas. "Sala i Martin no tiene conocimiento de lo que pasa. No hay ningún jugador apartado. Es una opinión a título personal muy equivocada. No sé en qué se basa para hacer estas declaraciones. Hay pruebas médicas y hemos dado datos. Si digo que está equivocado es que no tiene conocimiento de lo que pasa. ¿Miente? Está equivocado”. Hubo quien se planteó la posibilidad de que el propio Laporta utilizara a Sala i Martin para explicar la realidad. Lo cierto es que en el sprint final de la temporada las palabras de Sala i Martin aportaban a la vida barcelonista cualquier cosa menos buen rollo para que los jugadores afrontaran los últimos y decisivos encuentros con el máximo grado de compromiso.

Puyol pide explicaciones al presidente

El afán de protagonismo de Sala i Martin y su obsesión por exonerar de cualquier culpa a su amigo Laporta le valió el toque de atención de un vestuario que se sintió agredido por el afán de notoriedad de un personaje del entorno que hablaba de oídas. Si un medio de comunicación se hubiera atrevido a desvelar cuestiones internas de esta gravedad con la frivolidad que empleó Sala i Martin, la respuesta en forma de represalias habría llegado de inmediato. El capitán  solicitó una reunión con Laporta para pedirle explicaciones por el comportamiento de su amigo. Puyol dijo al respecto que “estas declaraciones son totalmente falsas y no sé a qué vienen. Son una falta de respeto a los jugadores, a los doctores y al equipo. Es más importante el pase a semifinales, pero ya digo que no sé a qué vienen estas declaraciones”. 

Y Víctor Valdés le retaba: “esperamos que nos dé explicaciones cuando lo veamos por aquí”. Deco, por su parte, se planteó emprender acciones legales: "Si se refiere a mí, que tenga coraje de venir a decírmelo a la cara. Y si no se refiere a mí, que salga públicamente a decirlo. Porque al estar yo lesionado, ha puesto mi honorabilidad en duda. Si no sale a decir que sus palabras no iban por mí, le pondré una querella. Ya he puesto el tema en manos de mis asesores legales, que lo están estudiando. Si tiene dignidad, debería dimitir". No dimitió, por supuesto que no. Pero sí dejó instalado el mal rollo en el vestuario. El mal rollo era su especialidad.

La junta pide su dimisión

Eso se pudo leer en Sport firmado por JM Díaz y David Salinas. El cabreo no se limitaba al vestuario. Había llegado también a los despachos. Estábamos ante una partida apasionante: el presidencialismo de Laporta contra la voluntad de la mayoría de directivos. La voluntad de uno contra la voluntad de la mayoría. ¿Quién ganaría? Por supuesto, Joan Laporta, quien a pesar de la opinión de buena parte de su junta decidió "unánimemente", como siempre, seguir contando con su amigo como asesor personal… o como controlador. Era igual. Lo importante es que se mantuviera a su servicio.

Informaba Sport: "La directiva pedirá a Xavier Sala i Martín, en su próxima junta de la comisión delegada, que presente la dimisión como presidente de la Comisión Económica y Estatutaria del club después de la tormenta que provocó con sus afirmaciones durante una tertulia radiofónica". Sin ir más lejos, el directivo Toni Rovira denunció que las declaraciones fueron "desafortunadas, un error. Sala i Martin se debió confundir porque no es cierto que se haya apartado a jugador alguno, sino que se han producido lesiones de jugadores que desean recuperarse inmediatamente". Esa era la versión oficial de la autocomplacencia. No se ponían de acuerdo entre ellos ni hacían ningún esfuerzo por guardar las apariencias. 

Engaña a los socios

Explicó Sala i Martín en la asamblea de compromisarios que “en la temporada 2002-03 (la última de Gaspart) los socios pagábamos el 23% de los ingresos del club y ahora es el 16%, lo que es bueno porque se han diversificado los ingresos”.  Otra muestra de la capacidad de este hombre para embaucar al personal. Sala i Martin no era socio del FC Barcelona en esa época, ni tenía intención de serlo, pero empleó la primera persona del plural incluyéndose en la masa social como si él por aquella época estuviera preocupado por los problemas del Barça. Una nueva mentira.

 "Seguro que gana un extranjero"

Eso dijo en RAC1 Sala i Martín refiriéndose al Gran Premio de Fórmula 1 que iba a disputarse en Montmeló, "porque no corre ningún catalán". El economista se mostraba en clara sintonía con el presidente para desespero de los millones de barcelonistas repartidos por la piel de toro a quienes cada vez se les ponía más difícil ejercer su pasión culé fuera de Cataluña porque ellos no sentían el Barça como un club extranjero. Así era de excluyente el Barça sectario de Laporta y sus mejores amigos.

Se enroca y no piensa dimitir

Durante la recogida de firmas para la moción de censura que Oriol Giralt quiso organizar contra Laporta, Xavier Sala i Martin se tomó la libertad de dudar del éxito de la iniciativa. Giralt iba recogiendo firmas a un ritmo superior al esperado y Sala i Martin opinó, despreciativo y chulesco como casi siempre, que "hace falta ver si son legales". Al final Giralt recogió 9.145 papeletas válidas, tres mil más de las necesarias. 

Se juega el cargo

Xavier Sala Martín replicó en el programa 'El món a RAC 1' a Oriol Giralt, que había pedido su dimisión porque "no se ha encontrado ninguna firma falsa de las 9.473 que fueron presentadas". De todas ellas, se aceptaron como válidas un total de 9.145 papeletas. "Si no hubiera firmas inválidas dimitiré enseguida", añadió el economista. Menudo uno para dimitir. Y, claro, no dimitió, aunque Oriol Giralt le invitó a hacerlo: "Su cargo no puede ostentarlo alguien que ponga en duda la autenticidad de las iniciativas de los socios".



Todo el mundo entendió a Sala i Martin cuando dudó de las firmas de Giralt. Y todo el mundo le reconoció embaucando con su más fino cinismo cuando se salió del tema declarando: "No he pronunciado la palabra falsas nunca. Él, en estas declaraciones, dice que yo dije que había firmas falsas y que yo insultaba al socio si había firmas falsas. No quiero hacer ningún tipo de comentario. Sólo que se escuche lo que dije. Yo no pronuncié la palabra falsa. Pronuncié la palabra inválidas. Y firmas inválidas, él mismo lo confiesa, había casi 200". 200 firmas inválidas sobre 9.145. Luego el socio se encargaría de expresar mayoritariamente en las urnas que estaba manifiestamente en contra del estilo de personajes como Laporta y Sala i Martín. Unos cuantos lo entendieron y dimitieron. Laporta y Sala i Martin no, por supuesto. Aún no habían terminado de dedicarle al Barça los mejores años de su vida y tenían que concluir su tarea…siempre en el nombre del socio. Las elecciones de 2010 volverían a confirmar que el estilo Sala i Martin no gustaba entre el barcelonismo.

"Usted no sabe con quién está hablando"

"Ese señor me hizo daño a mí y a otros 9.000 socios con sus comentarios", le soltó Giralt. Respuesta de Sala i Martín: "Decirme que tengo que dimitir... Los Estatutos dicen que cuando reúnes no sé cuántas firmas tienes derecho a hacer un referéndum. No tienes derecho a pedir dimisiones y a decir quién es digno y quién no es digno de ostentar cargos. Este señor tiene todo el derecho a opinar pero yo no le haré ni caso, porque no tiene ninguna potestad para decidir nada ni a pedir la dimisión de nadie. Por tanto, no sé qué está diciendo". "Decirme que tengo que dimitir..." ¿Quién se habría creído que era Oriol Giralt? No sabía con quién se la jugaba. Un vulgar mortal como Giralt no tenía ningún derecho a cuestionar a quien presume de ser catedrático de la universidad de Columbia y que, además, no tenía por qué hacer caso de quien "solamente" representaba la voluntad del 60% de los socios de un club que le permitía sentarse en las primeras filas del palco para lucir americana y palmito. Aquí el único que tenía derecho a exigir la dimisión de los demás era su amigo Laporta. Sólo él.

¿Desconocido en la universidad de Columbia?

Respuesta de Oriol Giralt :"Que revise lo que dijo y que repase lo que ha sucedido. Él empleó un tono de desprecio hacia la iniciativa del voto, convencido, igual que la junta directiva, de que aparecerían miles de papeletas no válidas, como si todo esto fuera sucio y poco transparente. No sé si es que él está acostumbrado a este tipo de cosas, pero yo desde luego que no. El recuento no ha dejado ni una sola papeleta inválida, y eso lo puede comprobar este señor por las actas. Las que no se contabilizaron fueron por razones estatutarias que no se nos pueden imputar a nosotros, porque desconocemos la fecha exacta de alta de todos los socios del Barça o si están suspendidos por la Comisión de Disciplina. Y, repito, hay un centenar largo de papeletas que fueron recogidas en la carpa del Palau, donde casualmente se fue la electricidad y no funcionó la fotocopiadora. Hicimos fotos de los DNI con móviles, cuya reproducción luego no era la mejor. Los peritos dijeron que no las podían comprobar, pero quedó reflejado en el acta que en ningún caso se consideraban no válidas. Es decir, que no hay ninguna no válida. A este señor, por cierto, en la Universidad de Columbia no lo conoce nadie y el otro día se firmó él mismo un justificante para no ir a declarar ante el juez".

Un detalle de prepotencia

El 17 de junio de 2009 dijo que en la final de Roma luciría la misma chaqueta que le trajo suerte en Stamford Bridge, Mestalla y el Bernabéu. Y que si se ganaba, la cedería al Museu. ¡Qué ejemplo de prepotencia! ¿Quién se habría creído él que era para donar una chaqueta al museo, en donde se muestran piezas de incalculable valor histórico de barcelonistas que, a diferencia de él, son alguien y forman parte de la historia del club? ¿Qué pintaría su chaqueta al lado de las botas de Kubala? ¿Quién le habría dicho que su chaqueta tenía algún valor? ¿Contra quién había empatado él para merecer un hueco en el Museu FCB Josep Lluís Núñez?

Dobla su cachet

De la misma manera que Joan Laporta pasó, gracias al Barça, de ser un modesto y semidesconocido abogado a un prohombre de la sociedad civil catalana, también Sala i Martin le sacó el rendimiento adecuado a sus mejores años dedicados al Barça. El diario Sport informaba de que desde que era directivo del FC Barcelona había doblado su cachet como conferenciante pasando de 6.000 a 12.000 euros. Gracias al Barça y a su amigo del alma.

Españoles “cazurros”

El 9 de noviembre de 2009 concedió una entrevista a la Fundació Catalunya Oberta, de la que era patrón. Allí manifestó: "Todas las personas que se dicen independentistas acaban perseguidos y maltratados, se llamen Oleguer, Joel Joan o Laporta (…) Pero, por otra parte, los españoles son tan cazurros que te quitan las ganas de ser unionista: boicot a los productos catalanes, que si oprimimos a los niños y les ponemos una pistola en la cabeza para que hablen catalán..." Sala i Martín en estado puro. ¿Qué cara se le quedaría, por ejemplo, a Iniesta que, como albaceteño de origen que es, supo que para uno de los que más mandaban en el club él era un “cazurro”? Era su manera de hacer amigos.

Luego, para arreglarlo –Sala i Martin siempre tenía algo que arreglar-, sostuvo que no empleó la palabra “cazurro” como insulto. Seguramente lo hizo como piropo, aunque en el diccionario no se encuentra ninguna acepción positiva: “Malicioso, reservado y de pocas palabras. Tosco, basto, zafio. Torpe, lento en comprender. Se decía de las palabras, expresiones o actos bajos y groseros. Se decía de la persona que las profería o los practicaba”. 

Luego el causante se desmentiría a sí mismo alegando que lo que dijo es que “hay campañas como las de boicot a los productos catalanes y estas campañas según las cuales a los niños se les prohíbe hablar en castellano en las escuelas, con los profesores vigilando en la hora del recreo o las tonterías que se dicen que les ponemos una pistola en la cabeza obligándoles a hablar en catalán… todo esto es tan bestia y tan claramente falso que esto genera más independentismo. Entonces dije: los unionistas, o sea los que quieren impedir el independentismo y hacen todo esto son un poco cazurros porque van en contra de su propia causa, o sea que todo lo que hacen para evitar el independentismo de Catalunya es generar mucho más y en este sentido son unos cazurros porque van en su contra. En ningún caso dije que todos los españoles son cazurros y si los señores de las peñas se sienten insultados por esto, les pido perdón porque yo nunca dije que los españoles sean cazurros, sólo dije que es una estrategia poco sana para sus propios intereses dedicarse a decir todo este tipo de mentiras y a hacer este tipo de boicots”.

En realidad lo que dijo es que “los españoles son tan cazurros que te quitan las ganas de ser unionista”. ¿Si no era un insulto por qué pedía perdón? Una vez más, la incontinencia verbal pudo con él.

El odio como referente

Ramón Besa le entrevistaba en El País el 13 de noviembre de 2009. Y ahí se deshacía en elogios hacia su protector en la órbita blaugrana, de la misma manera que años atrás ponía por las nubes a Sandro Rosell: “Es el mejor presidente en la historia del Barça. Una medida de lo bien que lo ha hecho es el odio visceral que despierta en sus opositores, que utilizan campañas mediáticas contra su persona para desacreditarle. A pesar de esas campañas, Laporta se hace querer. Y no sólo la gente de la calle lo adora, sino que las altas esferas del poder deportivo también le quieren. Un detalle: antes de la llegada de Laporta, todos los órganos deportivos españoles y europeos estaban dominados por el Madrid; no diré que ahora estén dominados por el Barça, pero ya no están dominados por el Madrid. Y eso es gracias a Laporta”.

Para Sala i Martin el mejor de los barómetros para valorar a un presidente era el nivel de odio que generaba. Muy en su línea. Por otra parte, el dominio del Barça en los órganos deportivos no debió ser tan extraordinario cuando el admirado Laporta se vio obligado a montar numeritos en Old Trafford ante la vista del mundo entero por entender que “la UEFA no nos respeta”. 

“Quien va contra Laporta pierde”

En esa misma entrevista le decía Sala i Martin a Ramón Besa: “Laporta hace lo que quiere y quien va en su contra acaba por ceder o perder”. Palabras de alguien que le conocía bien. Y en la antesala de las elecciones a la presidencia, cuando parecía que Alfons Godall sería el candidato del continuismo, el economista valoraba así a su compañero en contraposición con el gran enemigo, ese Sandro Rosell al que él mismo encumbró a los altares en 2003 como un maravilloso gestor: “Godall sería un extraordinario candidato. En todas las decisiones que se han tomado, siempre ha estado al lado de la correcta: cuando se fichó a Txiki, cuando se mantuvo a Rijkaard, cuando se fichó a Eto'o, cuando se prescindió de Ronaldinho, cuando se fichó a Pep. Lo curioso es constatar que en el lado equivocado de todas esas decisiones capitales estaba Rosell, que no puede ver a Txiki, que quería a Scolari, que no quería fichar a Eto'o para no irritar a Florentino Pérez y apostaba por Adriano, como si el presidente del Barça tuviera que claudicar ante el del Madrid”. Hablaba de oídas porque cuando se fichó a Txiki y Eto´o y se mantuvo a Rijkaard, Sala i Martín no formaba parte de la directiva.

En esa época estaba en “un cargo que me obliga sólo a unas reuniones puntuales. Mi figura es la de una persona independiente de la junta que vela por los intereses del socio y por la salud económica del club. Cuido que el club no se gaste todo el dinero ni haga 'trampas', como ha sucedido en otras ocasiones y con otros presidentes, que posiblemente querían hacer lo mejor para el club pero no supieron cómo”. De la misma manera que, cuando se prescindió de Ronaldinho y se fichó a Pep, la opinión de Rosell era irrelevante porque ern esa época ya no formaba la directiva.

El delfín de Laporta

Desaparecido de la junta Ferran Soriano, Joan Laporta trató por todos los medios de convertir a su amiguísimo Sala i Martin en su heredero, en el continuador de su obra, en el candidato del continuismo. Pero de la misma forma que para imponer otros caprichos Laporta nunca encontró oposición en sus amigos directivos, con Sala i Martin se topó con un rechazo importante, hasta el punto de tener que desistir en su intento y verse obligado a bendecir primero a Alfons Godall y luego a Jaume Ferrer, cuando Godall le dejó plantado para irse con Soriano e Ingla

Sin proponérselo, ayuda a ganar a Rosell

Sala i Martin ofreció a Godall su apoyo incondicional. Ya en la presentación de su candidatura, Sala i Martin, para quien parecía reservado el papel mediático estelar de portavoz faltón contra el enemigo, se despachaba a gusto contra Rosell. Luego también recibiría su compañero de junta Jaume Ferrer. Si Laporta fue incapaz de vertebrar una candidatura unida de continuismo fue precisamente por la intensidad de los egos de su junta encabezados por Sala i Martin. Éste generaba rechazo entre Ferrer y sus fieles, mientras que en el bando de Godall no se admitía de ninguna de las maneras a Albert Perrín, que iba de hombre fuerte de Ferrer. Sin proponérselo, Sala i Martín le puso en bandeja el triunfo a Rosell al evitar con su sola presencia que el laportismo se uniera en torno a un único candidato. 

En esa presentación explicó que "un vicepresidente dijo que tuviéramos cuidado que no vaya a ser que un presidente de no sé que equipo de no sé que pueblo se enfadara". “No sé qué pueblo”… Y luego se extrañaba de que la “caverna mediática” de “no sé qué pueblo” la tomara con él y con Laporta.

"Sala i Martin nos engañó a todos"

Sala i Martin permaneció al margen de las elecciones, aunque hizo público su apoyo a la candidatura de Marc Ingla, en la que viajaban Soriano, Godall y Vicens. Luego, en su condición de tesorero, cerró el último ejercicio económico con un saldo positivo de 11, 1 millones que luego, cuando la nueva directiva se hizo cargo del club se convirtieron en un déficit de 77,1 millones con partidas escandalosas de gastos sin justificación. 

"Sala i Martin ha demostrado que no es válido como gestor” , dijo de él Lluís De Val en El Triangle. “No se han hecho trampas. De lo que sí podemos hablar es de maquillaje contable. Sala i Martin comunicó el pasado 30 de junio al socio del Barça unos números irreales, aprobados por la Junta Directiva, pero que no estaban auditados. Unos números en los que, por cierto, no aplicó en ningún momento el sentido de la prudencia que cualquier empresario debe tener si quiere reflejar el estado real de sus cuentas. Y ahora, cuando se ha hecho pública la auditoría, nos encontramos con siete salvedades como son la venta de una parcela de la Ciudad Deportiva de Sant Joan Despí, la prima y el premio de Mediapro, la indemnización por el caso Baena - el jugador que se marchó al Espanyol-, la compra de los terrenos de Viladecans, la amortización de Henry o el contrato de Sogecable, que generan estos 89 millones de diferencia respecto a la cifra dada por Sala i Martin. Lo que no entiendo, como empresario, es cómo el ex director general, Joan Oliver, y el tesorero, Xavier Sala i Martin, reflejaron unos ingresos que no tenían garantizados como ciertos. La única respuesta que tengo es que lo hicieron porque necesitaban cuadrar los números para anunciar públicamente que dejaban el Barça económicamente mejor de como lo habían encontrado en 2003. Por ello Sala i Martin sólo presumió de la cifra récord de ingresos de explotación, que eran 445,5 millones según él, y no dijo nada de que dejaban al Barça con la deuda bruta más alta de su historia: 552 millones de euros. Nos engañó a todos”.

"Falta de rigor brutal de Sala i Martin"

Preguntado sobre la posibilidad de que las cuentas hubieran sido manipuladas por auténticos profesionales del maquillaje contable, De Val opinaba que  “nos encontramos ante unas personas que han p

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