El Tsunami asustó a Europa con el clásico

  • Cataluña
  • 24-12-2019 | 09:12
  • Escribe: Pedro Riscal

A raíz del Barça-Real Madrid, Europa ha reaccionado interviniendo en cuestiones que sólo competen a la soberanía española.


Tsunami Democrátic ha hecho mucho daño a la imagen de España en los últimos días. El problema catalán ha sido siempre visto en el Viejo Continente como un asunto interno y un problema puntual que concierne resolverlo al Gobierno español. Sin embargo, el jaleo ocasionado por el clásico, un acontecimiento de interés global, ha despertado la atención europea y su deseo forzar a las partes a buscar un punto de encuentro.

El clásico es un evento deportivo que traspasa nuestras fronteras y que es capaz de congregar ante el televisor a 600 millones de personas de los cinco continentes atraídos por el impacto mediático del Real Madrid y el FC Barcelona y los futbolistas que militan en sus equipos. 


¿A qué espera el Gobierno para desarticular al Tsunami?

Por eso el aplazamiento inicial del clásico generó perplejidad en el mundo entero. ¿Qué está pasando en Cataluña para que no se pueda disputar el clásico? Ese fue el primer error. Aplazando el partido el gobierno de España se marcaba un autogol en su partida con el Tsunami, que lograba la visibilidad buscada: en Cataluña están pasando cosas.

Y todos los ojos fijaron su atención en Cataluña en los días previos al 18 de diciembre. Los medios españoles exageraron la nota ante el aborozo de la plataforma del Tsunami, que no tenía más objetivo que mostrar dos pancartas (Spain: Sit and Talk y Freedom) y lanzar unos cuantos balones amarillos al campo para recordar que estaban ahí. Pero obtuvieron el respaldo del alarmismo generalizado de los medios que despertó a Europa de su desinterés por el tema catalán. ¿Obligarían a suspender el partido? ¿Peligraba la seguridad de la expedición del Real Madrid? ¿Habria invasión de campo? El caldo de cultivo ya estaba en plena ebullición.


El pecado original

El pecado original parte de la ineficacia del Ejecutivo de Pedro Sánchez para desarticular una plataforma anónima que ha conseguido aborregar al pueblo con sus órdenes. El ministro Grande-Marlaska garantizó a mediados de octubre, cuando se hizo pública la sentencia del Supremo, que los servicios de inteligencia caerían sobre la banda. A día de hoy, no se tienen noticias en tal sentido. Y, como si se tratara de la Casa de Papel, los activistas campan a sus anchas sin que nadie sea capaz de pararles los pies.

No es de recibo que en pleno siglo XXI las fuerzas de seguridad del estado sean incapaces de localizar, identificar y desarticular una banda que está generando mucho daño al estado de derecho español.



El deterioro de la imagen de España

El resultado ha sido el deterioro de la imagen de España en Europa, que ha despertado con el Barça-Real Madrid y ha traducido su renovado interés por la situación de España y de Cataluña con la sentencia del Tribunal de Justicia Europea reconociendo a Junqueras, y de rebote a Puigdemont Comín, su condición de eurodiputados, algo con lo que no se contaba en España. Además, Puigdemont obtiene el premio de la inmunidad, que le permitirá moverse libremente por Europa sin pasar cuentas ante la Justicia española.

El 13 de enero el Europarlamento abrirá sus puertas a 2020 y dará la bienvenida a Puigdemont y Comín y la imagen de España quedará tocada. Hasta entonces, las puertas de la Cámara Europea estaban cerradas para ellos. Ahora formarán parte de la clase dirigiente que decidira el destino de la Unión Europea. Han pasado de "apestados" a "héroes" ante la indignación de los eurodiputados españoles que en su mayoría les considera golpistas y fugados de la justicia. Queda claro que para Europa son exiliados políticos.

Ya se habían olvidado de Puigdemont

Y el cambio ha llegado en un momento en que Puigdemont había quedado en el olvido tras el impacto mediático inicial. Incluso el Ministerio de Exteriores dirigido por Josep Borrell puso en marcha una macroperación para neutralizar la propaganda separatista vendiendo la auténtica realidad de lo que esta sucediendo en España. Y a medida que pasó el tiempo, Europa perdió su interés por Puigdemont. Pero el Barça-Real Madrid ha revitalizado el tema en la Vieja Europa, que esperaba un motivo para intervenir en el problema catalán.

Y eso es lo que ha hecho: intervenir en una cuestión que compete a la soberanía española y que ya estaría resuelta si la justicia europea hubiera colaborado con las euroórdenes cursadas por el juez Llarena. El intervencionismo ha llegado a un punto en el que ya incluso se pone en cuestión la sentencia en firme de Tribunal Supremo.

Y hemos pasado del desinterés por reconocerle a Cataluña su declaración unilateral de independencia a negarle a España su derecho a decidir sobre sus propios asuntos. Y ahora Puigdemont se hará oír de otra manera. Ya no será necesario convocar a los extras ante las puertas del Parlamento Europeo. Ahora podrá defenderse personalmente y vender sus locuras desde su escaño en la Eurocámara.

El lío ya está montado. Ahora la comisionada Ursula Von der Leyen ya recibe consultas de los eurodiputados europeos respecto a la conveniencia de proceder contra España, cuya imagen sale cuestionada generando dudas sobre su separación de poderes.

El Barça-Real Madrid fue la espoleta. El clásico fue más que un partido de futbol. Fue la excusa de Europa para intervenir a España. Otro capítulo maligno que suma el Procés en su haber. Otra fechoría que hay que agradecer a los cabecillas de esta insoportable revuelta contra España. 

 

 

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