El drama de las esclavas sexuales en Japón: "A mi amiga le quemaron los genitales con cigarros"

  • Sucesos
  • 14-01-2019 | 08:01
  • Escribe: Redacción

La joven Norma Bastidas abandonó México para conseguir su sueño: ser modelo profesional, pero lo que realmente acabó viviendo fue una auténtica pesadilla


Norma Bastidas salió de México en busca de su sueño: ser modelo profesional. Pero lo que la joven acabó viviendo fue una auténtica pesadilla.

Poco tiempo después de llegar a Tokio pasó a ser propiedad de un bar y más adelante de un jefe de la mafia. Este hecho propició que perdiera el control absoluto de su vida y fue sometida a abusos sexuales. (Se abre la veda contra los abusos sexuales de la Iglesia)

"Cuando pienso en eso, evoco la desesperación, la soledad de saber que no le importas a nadie, que no hablas el idioma, que no puedes pedir ayuda, que estás atrapada", explica a la 'BBC' esta mujer, víctima de la explotación sexual en Japón en la década de los 80.

El caso de Norma no es el único

El caso de Norma no es el único, otra latinoamericana, la colombiana Marcela, también cuenta cómo cayó en los redes de la 'yakuza'.

Para ella, la pesadilla empezó cuando un hombre se le acercó en una discoteca colombiana y le ofreció una carrera como bailarina en el exterior. Al principio rechazó la oferta, pero cuando su hija enfermó se acordó de la propuesta. (Nieves Herrero denuncia que sufrió abusos sexuales)

El supuesto agente le ofreció dinero para pagar los gastos médicos de la pequeña. Ese dinero ella se lo devolvería con lo que iba a ganar en el extranjero.

La joven colombiana descubrió que su destino era Japón cuando llegó al mismo aeropuerto del país nipón. Desde allí fue transportada a una casa donde vivían otras mujeres y le dijeron que su trabajo sería "putear" para pagar la deuda que tenía encima. (Los detalles de la asquerosa violación de la manada valenciana)

Cuando Marcela trató de explicar que había una confusión y que llamaría a la policía, le dijeron: "Llámela, pero no le garantizamos que llegue a tiempo al entierro de su hija". Era 1999 y ya había caído en las manos de la mafia japonesa, la 'yakuza'.

Un calvario no, lo siguiente

La joven afirma que fueron 18 meses de abusos sexuales constantes. Le dieron palizas, hasta al punto de quedar inconsciente y completamente desfigurada.

Vio morir a una prostituta colombiana a golpes y con cadenas, víctima de un grupo mafioso rival. Llegó a plantearse el suicidio, pero el recuerdo de su hija y la ilusión de volver a abrazarla se lo impidieron. (Muere el adolescente apaleado al intentar salvar a su madre de una violación)

Pudo escapar solo gracias a la ayuda de un cliente que se enamoró de ella. Le llevó una peluca y ropa y se las dejó dentro de una bolsa en un McDonald's que quedaba muy cerca del lugar donde tenían a Marcela trabajando.

"Él me ayudó, me dejó dinero, me dibujó el mapa para llegar al consulado de Colombia, me explicó qué autobús y qué tren tomar". En un descuido del hombre que la vigilaba, se escapó y consiguió llegar al consulado.(Así se consuela Cristiano Ronaldo tras las acusaciones de violación)

En Japón son conscientes de los hechos

Shihoko Fujiwara, activista japonesa por los derechos humanos, es la fundadora de Lighhouse, una organización no gubernamental que ha combatido la trata de personas en el país nipón desde 2004. (Desenmascaran a una mentirosa que había denunciado una violación múltiple)

Fujiwara cuenta que en la década de los setenta, "los hombres japoneses comenzaron a viajar al exterior para comprar los servicios sexuales de mujeres".

Además la activista asegura que "en los 80 y 90, empezamos a traficar mujeres de Filipinas, Tailandia, Rusia, Corea del Sur. Y a finales de los años 90 y en la década del 2000, vimos muchas mujeres traficadas desde Colombia y otras partes de América Latina".

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