El discurso que Isabel II tenía preparado en caso de Tercera Guerra Mundial

  • Política
  • 19-09-2022 | 08:09
  • Escribe: Álvaro Jiménez
Isabel II tenía preparado un discurso que hubiese pronunciado en caso de que se hubiese desatado la Tercera Guerra Mundial


Isabel II, que falleció el pasado 8 de septiembre, será enterrada este lunes. En estos últimos días están saliendo a la luz varias curiosidades de la monarca inglesa y una de ellas está relacionada con un conflicto a nivel mundial. La reina de Inglaterra estaba preparada desde hace décadas por si se desataba la Tercera Guerra Mundial.

Desde el año 1983 tenía preparado un discurso que nunca ha llegado a pronunciar. Con motivo de la Guerra Fría, Isabel II decidió preparar un discurso que trasladaría a todo el Reino Unido en caso de que la situación se descontrolase y se viesen obligados a entrar en guerra junto a otros países.



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En el citado discurso, la reina Isabel II pretendía arengar a la nación para intentar superar la guerra mediante la unidad interna. "La locura de la guerra se esparce de nuevo por el mundo y nuestro valiente país debe prepararse de nuevo para sobrevivir ante enormes adversidades".



"Todos sabemos que los peligros que enfrentamos hoy son inmensamente mayores que los de cualquier otro momento de nuestra larga historia. El enemigo no es un soldado con su rifle, ni siquiera un piloto merodeando en los cielos sobre nuestras ciudades y pueblos, sino el poder mortífero de tecnología espuria", añade Isabel II en el texto.

El complicado escenario provocado por la invasión rusa de Ucrania, tanto a nivel económico, bélico o geoestratégico, hace que vuelva a cobrar vigencia. Hay aspectos de esas palabras escritas por Isabel II que pueden ser igualmente aplicables en la tensa situación vivida en los últimos meses con Rusia.



Sin embargo, a pesar de tenerlo preparado y de todo lo que sucedió en su día, Isabel II nunca tuvo que pronunciarlo. A continuación, os compartimos el contenido íntegro de ese discurso escrito por Isabel II en la década de los 80 ante un posible estallido de la Tercera Guerra Mundial.

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El discurso de Isabel II

Cuando os hablé hace menos de tres meses, todos estábamos disfrutando del calor y la compañía de una Navidad en familia. Nuestros pensamientos estaban concentrados en los fuertes vínculos que unen a cada generación con las que vinieron antes y las que la seguirán. Los horrores de la guerra no podrían haber parecido más remotos mientras mi familia y yo compartíamos la alegría de la Navidad junto a la creciente familia de la Commonwealth.

La locura de la guerra se esparce de nuevo por el mundo y nuestro valiente país debe prepararse de nuevo para sobrevivir ante enormes adversidades. Nunca he olvidado la pena y el orgullo que sentí cuando mi hermana y yo nos arremolinamos alrededor de la radio de la guardería para escuchar las inspiradoras palabras de nuestro padre en aquel funesto día de 1939. Ni por un momento pude imaginar que este solemne y terrible deber recaería un día sobre mí.

Todos sabemos que los peligros que enfrentamos hoy son inmensamente mayores que los de cualquier otro momento de nuestra larga historia. El enemigo no es un soldado con su rifle, ni siquiera un piloto merodeando en los cielos sobre nuestras ciudades y pueblos, sino el poder mortífero de tecnología espuria.

Pero cualesquiera sean los terrores que nos esperan, todas las virtudes que nos han ayudado a mantener intacta nuestra libertad dos veces en este triste siglo serán de nuevo nuestra fortaleza. Mi marido y yo compartimos con las familias de todo el territorio el miedo que sentimos de perder a nuestros hijos e hijas, maridos y hermanos que nos han dejado para servir a nuestro país. Mi querido hijo Andrew se encuentra en este momento destacado con su unidad y rezamos continuamente por su seguridad y por la seguridad de todos los hombres y mujeres que sirven en casa y allende los mares.

Es este vínculo cercano de la vida familiar el que debe ser nuestra más grande defensa contra lo desconocido. Si las familias permanecen unidas y firmes, dando cobijo a los que viven solos y desprotegidos, la determinación de nuestro país para sobrevivir no podrá ser vencida.

Mi mensaje para vosotros es, por tanto, simple. Ayudad a los que no se pueden ayudar a sí mismos, dad consuelo a los solitarios y a los que no tiene techo y dejad que vuestra familia sea el centro de la esperanza y la vida para aquellos que lo necesiten. Mientras luchamos juntos para combatir contra este nuevo mal, recemos por nuestro país y por los hombres de buena voluntad donde quiera que estén.

Que Dios os bendiga a todos.

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