El 'crimen perfecto' que desespera a la policía: el terrible y brutal asesinato de Déborah Fernández

  • Sucesos
  • 13-06-2022 | 07:06
  • Escribe: Enrique Sanz
Las autoridades policiales todavía no han podido desentrañar el misterio


Cada cierto tiempo, las autoridades policiales permiten sacar nuevamente los expedientes de los conocidos como 'crímenes perfectos', aquellos que no se pudieron resolver en su momento y que trajeron de cabeza a los policías que los investigaron. Esta práctica se realiza con la esperanza de poder encontrar nuevos datos o pistas que permitan seguir un camino diferente que los investigadores pasados y que lleve directamente a la resolución del caso.

Uno de estos expedientes es el del asesinato de Déborah Fernández, el caso con una de las instrucciones judiciales más largas de la historia criminal de nuestro país: veinte años y quince archivos judiciales que no han servido para poder detener y condenar al asesino de Déborah. Este es uno de los casos más complejos e intrincados a los que se han enfrentado los investigadores españoles.



Déborah tenía tan solo 22 años cuando desapareció cerca de una de las playas de su localidad natal, Samil, sita en Pontevedra. Esta desaparición motivó rápidamente el inicio de una partida de búsqueda por la joven, a la que todavía se creía viva. Sin embargo, su cuerpo sin vida fue hallado, diez días después de su desaparición, muy lejos del lugar donde dejó de dar señales de vida. Quienes la buscaban la encontraron muerta, entre las frondosas hojas de un arbusto y en una disposición truculenta y realmente espantosa.

El responsable de haberle quitado la vida manipuló por completo la escena en la que dejó el cadáver de Déborah en O Rosal, donde finalmente apareció su cadáver. El hecho de que Déborah hubiera aparecido sin la ropa puesta y con un condón usado en las cercanías llevó a los investigadores a pensar que se había tratado de un crimen de índole sexual.



Nada más lejos de la realidad. Muchas de las disonancias entre lo hallado y la autopsia provocaron que los investigadores se percataran de que aquella disposición había sido una maniobra cuidadosamente elaborada para engañarles y despistarles de la verdadera línea de trabajo en el caso de Déborah. Además, las diversas irregularidades cometidas durante la investigación en 2002, que señaló que Déborah había fallecido por una 'muerte súbita' complicaron aún más la situación hasta que la familia pudo exhumar el cadáver y volverlo a exponer al juicio de los forenses actuales.

Más de veinte años después, las fibras halladas bajo su cadáver y bajo sus uñas podrían haber conducido hasta el responsable de su desaparición y posterior muerte, pero el tiempo no perdona a absolutamente nadie. El pasado mes de mayo prescribía el crimen, que quedará sin resolver por el resto de los tiempos. Este giro en los acontecimientos complica todavía más la investigación y resolución del caso, puesto que solo se admiten pruebas contra un acusado en firme que todavía tiene que aparecer por uno los 'crímenes perfectos' que ha traído y trae de cabeza a los investigadores policiales españoles.



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