El catalanismo mató a Companys. ¡Y no piden perdón!

  • Cataluña
  • 16-09-2020 | 19:09
  • Escribe: Pedro Riscal

No fueron bestias taradas españolas quienes decidieron el fusilamiento de Companys. Todos eran catalanes. Alguno de ellos antepasados de notables separatistas actuales


En los últimos días hemos asistido a las bravatas de Quim Torra exigiendo al jefe del estado y al del gobierno español que pidan disculpas públicas por el fusilamiento de Lluís Companys, ex presidente de la Generalitat, culpando a España de su muerte. La realidad es bien distinta. El testimonio de destacados prohombres catalanes fue clave para que fuera declarado culpable en el juicio cien por cien catalán y sentenciado a muerte en 1940.

Juicio cien por cien catalán

Al margen de la versión interesada de Torra, siempre contra España, la realidad explica que el testimonio de notables catalanes fue clave en el juicio que en 1940 se instruyó contra Lluís Companys.


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Así lo explica José García Domínguez en TheObjective, que une a la sentencia de Companys una serie de catalanes de pura raza (nada de bestias taradas), en algunos casos antepasados de relevantes catalanistas en la actualidad. Es el caso del ex alcalde convergente de Barcelona, Xavier Trias, o del ilustre pintor Antoni Tàpies, que ha decorado con sus pinturas la sala oficial donde se reúne todas las semanas el Gobierno de la Generalitat. 


El tío de Xavier Trías y el padre de Antoni Tàpies

El tío carnal de Trías, Carles Trías i Bertrán, en aquella época jefe provincial del Movimiento,y el padre de Antoni Tàpies, Josep Tapiès y Mestre. El tercero fue Lluís Maria Balcells i Sert, con todos los apellidos catalanes que hagan falta. 

Para más inri, el juez que dictó sentencia fue el general tortosino Ramón de Puig. También era catalán el fiscal acusador, Antoni Rodríguez i Molins y Enric Terol, que participó en la acusación. Y el vocal del tribunal, el general de brigada Pompeyo Masferrer. Y el abogado defensor de Companys, el teniente de artillería Ramón de Colubí. Y otro testigo, Antoni Fernàndez i Ferrer, antiguo funcionario de la Generalitat que también actuó como testigo de cargo contra el reo. 



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Es más, "quién dirigió el piquete de ejecución también fue otro catalán: Benjamín Benet Blanch, natural de Montroig del Camp (…) el tiro de gracia lo ejecutó Benjamín Benet. (…) Hasta los forenses fueron catalanes, tanto el militar (Luis María Callís Farriol) como el civil (Pere Badal y Botanch)”.

Un conflicto resuelto entre catalanes

Fue un tema, como parece claro, dilucidado entre catalanes, alguno de ellos ilustres y con descendientes de rencio abolengo nacionalista. Los que formaron aquel tribunal eran catalanes. Seguramente 'malos catalanes', pero catalanes. No hizo falta pedir ayuda a Madrid. Aquí se organizó el juicio contra quien fue acusado de haber ordenado la muerte de 8.129 catalanes en aquella época.

José García Domínguez explica: "Pretender, como ansía Torra, que se revise la causa contra Companys equivale, pues, a reconocer la vigencia jurídica de aquellas condenas ilegales. Si bien, y en el caso concreto de Companys, el Gobierno de España emitió en 2009 una declaración institucional de reparación expresa que hizo llegar a sus familiares vivos. ¿Por qué insiste entonces Torra en seguir manoseando el cadáver de Companys cada principio de septiembre?" 

Y ofrece su propia explicación: "Lo hace movido por una razón obscenamente simple, a saber: para apuntalar en el imaginario colectivo catalán la ficción de que la guerra civil de 1936-39, al igual que la historia toda de la Península Ibérica desde el 11 de septiembre de 1714 hasta hoy, no fue más que otro episodio recurrente, el enésimo, en la conflagración crónica entre Cataluña y eso que él y los suyos llaman el Estado español. Una reescritura novelada del pasado cuyo guión canónico exige, por muy obvias razones de verosimilitud narrativa, que todos los malos sean castellanos y todos los buenos, catalanes. Porque en la historia-ficción alumbrada por el catalanismo institucional no puede, bajo ningún concepto, haber catalanes malos. Los catalanes, y por definición, tienen que ser todos buenos; todos, sin excepción. Por eso, jamás aparecen en la escena de la memoria oficial los catalanes que defendieron en su día, cuando la Guerra de Sucesión, la causa borbónica. Y mucho menos aún, claro, los catalanes que abrazaron, y con desbordado entusiasmo militante, la sublevación franquista tras el 18 de Julio".

Los antecedentes franquistas de los actuales separatistas

Nadie está libre de pecado, algo que debería ser imprescindible para que Torra interprete la historia a su manera. Los actuales políticos independentistas no son responsables de lo que hicieron sus antepasados, pero cuando existe tanto interés por remover la historia, bien haría Torra en asegurarse que no tiene muertos en el armario. Y no es el caso. Roger Molinas los ha descubierto a todos... o a casi todos.

"¿Alguien ha pedido perdón a los miles de asesinados bajo el mandato del presidente Companys?"

Pere Aragonès, nieto de alcalde franquista en Pineda

Lluís Llach, hijo de alcalde franquista en Verges

Marta Rovira, nieta de alcalde franquista en Sant Pere de Torelló

Santiago Vidal, hijo de alcalde franquista en Sant Sadurní d’Anoia?

Carles Puigdemont, nieto de quien traicionó al Ejército Republicano para pasarse al bando nacional en Burgos 

Jami Matamala, hijo de falangista

Quim Torra, hijo de un alto directivo de la Safa de Blanes que despidió a Paco Frutos per sindicalista

Convergència i Unió que en 1979, reclutó a 95 alcaldes franquistes para encabezar sus listas en las primeras elecciones municipales

 

 

 

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