El asesino de la baraja: la historia del homicida que acabó con seis vidas y aterrorizó a Madrid

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  • 09-03-2021 | 09:03
  • Escribe: Macarena Moreno

Le apodaron así porque dejaba un naipe junto al cuerpo sin vida de sus víctimas




Alfredo Galán Sotillo, así se llamaba el asino que tuvo con el alma en vilo a los ciudadanos de Madrid en el año 2003 después de asesinar a 6 personas al azar con una pistola de Tókarev modelo 7,62. 

Se trataba de un joven de Puertollano de clase humilde que tuvo una infancia marcada por la muerte de su madre en el parto de su hermana cuando únicamente tenía 8 años. 



A partir de ahí, su imagen alegre y divertida se transformó para siempre hasta acabar siendo uno de los asesinos que se caracterizaba por matar a sus víctimas a sangre fría y que tuvo a la Policía despistada por un tiempo. 

Entre los damnificados se encontraba Carlos Martín Estacio. Este era un joven de 18 años que se encontraba en una parada de autobús próxima al pueblo de Barajas cuando el asesino le disparó en la nunca provocándole la muerte. 



Seguidamente, Carlos Moreno fue la siguiente víctima que el manchego eligió. Esta persona de tan solo 52 años también fue disparada justo cuando había salido de trabajar a las cuatro y media de la mañana y se encontraba en una parada de autobús. 

Pero lejos de frenar su lista de homicidios, Alfredo se enfundó la pistola y 12 horas después acudió al Bar Rojas situado en Alcalá de Henares donde disparó a un niño en la cabeza y a su madre en la espalda y la pierna



Este, sin pensarlo, al día siguiente tiroteó a una pareja que se encontraba paseando por Tres Cantos.

Un conserje de Ledesma se convirtió en la siguiente víctima después de que Galán entrara en un portal madrileño junto a su pistola y obligara a este a arrodillarse a pesar de que se encontraba presente su hijo de dos años y le disparó en la cabeza. 



Finalmente, un matrimonio rumano de Arganda del Rey fue la última presa del asesino tras recibir el hombre un disparo en la cabeza y la mujer dos en el pecho que terminarian con la vida de ambos. 

En el mes de mayo del 2003, la policía terminó arrestando a Francisco Javier Antuñano aunque finalmente reconocieron que este no era el asesino de la baraja. 

Finalmente fue el autor de todos estos delitos quien el 3 de julio del mismo año dio el paso de entregarse en una Comisaria de Puertollano y tras ser trasladado hasta Herrera de La Mancha y condenado a 142 años de prisión aunque esta se haya reducido únicamente hasta 25.

 

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