Cosby, un "depredador sexual violento" menos en la calle

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  • 26-09-2018 | 07:09
  • Escribe: Redacción

Bill Cosby fue acusado, por más de 50 mujeres, de abuso sexual


El comediante William Henry Cosby Jr., más conocido como Bill Cosby, está enfrentándose a uno de los episodios más duros de su vida. El actor de 81 años ha sido condenado a una pena de entre tres y diez años de cárcel por abuso sexual a Andrea Constand, quien fue entrenadora de baloncesto femenino en la Universidad de Temple. No es la única víctima que ha sufrido abusos por parte de Cosby, pues casi un total de cincuenta mujeres han acusado al intérprete por agresiones sexuales.

Un juez de Norristown, Pensilvania, ha sentenciado a Bill ordenándole prisión inmediata y negándole una solicitud de fianza, calificando al cómico como un "depredador sexual violento". Tras la resolución, se ha detallado que, en un plazo de tres años, el estadounidense pueda solicitar la libertad condicional. Dicha petición será revisada por una comisión especial y si se rechaza, el intérprete podrá presentarla de nuevo una y otra vez, hasta que cumpla su plazo entre rejas.


El actor de The Cosby Show rechazó la opción de declarar ante el juez, por lo que uno de los detonantes para su acceso inmediato a prisión habría sido la política de no arrepentimiento de Bill. El abogado de Cosby solicitó el arresto domiciliario del cómico justificando su vejez, pero dicha petición fue rechazada.

El cómico se convierte en la primera celebridad del movimiento Me Too que ingresa en prisión. Cosby, además, tendrá que asistir a terapia durante el resto de su vida, esté entre rejas o en estatus de libertad.


La estremecedora carta de Andrea Constand

La principal víctima de Cosby, Andrea Constand, leyó ante la corte una carta donde explica todo el daño sufrido tras los abusos sexuales. Estas son algunas partes:

Para poder verdaderamente comprender el impacto que generó el asalto sexual en mi vida, deben saber la persona que era antes de que esto ocurriera. Al momento del asalto, tenía 30 años, estaba en forma, era una deportista segura de mí misma. Era fuerte, habilidosa, tenía excelentes reflejos, agilidad y velocidad. Cuando me gradué de la escuela secundaria en Toronto estaba entre las tres mejores jugadoras de basquetbol de Canadá. Decenas de universidades en los Estados Unidos estaban haciendo fila para ofrecerme una beca para jugar baloncesto y yo elegí a la Universidad de Arizona.



Acababa de presentar mi renuncia en Temple cuando el hombre que había llegado a conocer como un mentor y amigo me drogó y asaltó sexualmente. En lugar de poder correr, saltar o hacer cualquier otra cosa física que quería, durante el asalto estaba paralizada y completamente indefensa. No podía mover mis piernas ni brazos. No podía hablar ni mantenerme consciente. Estaba totalmente vulnerable sin poder protegerme.

Además del daño psicológico, emocional y la intimidación financiera entablaron una campaña de difamación en los medios que dejaron a mi familia temblando del shock. En vez de ser elogiada por decir las cosas como son, me tildaron de oportunista, estafador y una mentirosa compulsiva. Mis padres trabajadores de clase media fueron acusados de querer sacarle dinero a un hombre rico y famoso.

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