Conservar la privacidad al navegar por Internet

  • Tecnología
  • 24-10-2020 | 07:10
  • Escribe: Redacción

Hasta que la ley se ponga al día con la tecnología, no queda otra que poner de nuestra parte, individualmente y en la medida de lo posible, para evitar que el contenido que compartimos en la red y los datos que aportamos en los diferentes servicios digita


¿Cómo podemos asegurarnos de tener una conexión privada a internet? ¿Cómo conseguir que nuestros datos privados y nuestra información sensible se mantengan ocultos? ¿Cómo hacer para no convertirnos, nosotros mismos, en el producto de las empresas que nos proporcionan los servicios que utilizamos en la red? Estas son el tipo de preguntas que llevan surgiendo, ya desde hace algún tiempo, a medida que el paradigma de la sociedad virtual va cogiendo forma. La respuesta aún no parece del todo clara, aunque existen ciertas pautas que nos pueden ayudar a mantener nuestra vida privada al margen de las grandes compañías de Silicon Valley, y del resto de entidades con acceso privilegiado a nuestra información personal.

El tema de la privacidad en la red no es una cuestión menor, los escándalos que han sacudido a la mayoría de las entidades con mayor influencia en el mundo digital y a varios de sus sistemas, unido a los controvertidos usos que han destapado —tanto en la comercialización como en la utilización— de la información personal de los usuarios de muchas de estas plataformas, ponen de manifiesto la importancia de atajar el problema a través de legislaciones y normativas que garanticen un tratamiento adecuado de los datos que se confíen a los mencionados sitios web. Sin embargo, hasta que la ley se ponga al día con la tecnología, no queda otra que poner de nuestra parte, individualmente y en la medida de lo posible, para evitar que el contenido que compartimos en la red y los datos que aportamos en los diferentes servicios digitales con los que operamos, no acaben en manos indeseadas.


Por supuesto, conviene, tener siempre presente los consejos de seguridad básicos, como pueden ser el alejarnos de los puntos wifi públicos o abiertos —sobre todo si vamos a realizar operaciones sensibles o a acceder a información comprometida—; hacer uso de VPNs para PC (o Redes Privadas Virtual) para asegurar el cifrado completo de la información y los datos que aportemos; usar navegadores y aplicaciones que garanticen nuestra privacidad y sean claras en sus términos y condiciones de uso; evitar la publicación de datos sensibles y eliminar las cuentas que no utilicemos y los historiales pasados, así como cerrar las sesiones en los dispositivos y en los servicios que utilicemos una vez ya no los estemos usando; crear contraseñas seguras y únicas, y reconfigurarlas de tanto en tanto; contratar servicios de antivirus y tener siempre actualizadas las configuraciones de seguridad de nuestros dispositivos y sistemas; activar capas adicionales de protección como la autentificación en dos pasos u otros sistemas similares; y, en definitiva, hacer un uso consciente y cauto de los servicios telemáticos, reduciendo su utilización y la incorporación de información sensible y datos personales a lo estrictamente necesario.

Hay una cuestión (que, por otra parte, a toro pasado, resulta bastante de sentido común), que conviene tener muy presente en el uso de las plataformas y los servicios en línea, y es la que dice que nada, a fin de cuentas, es gratis; que nadie regala nada. De modo que, si estamos utilizando un servicio web aparentemente gratuito, plantemos si realmente lo es: desconfiemos. Seamos conscientes de que, detrás de ese anzuelo que es la puesta a disposición gratuita del servicio, se esconde muchas veces la cruda realidad: el entresijo de redes y canales comerciales por el que circula la información que cedemos mediante al uso de ese servicio. Esa información, hay casos, que llega incluso a dejar de pertenecernos en el momento en el que la compartimos, ya sea, porque los términos bajo los que operan determinadas plataformas no ofrecen claridad con respecto al destino final de nuestros datos ni con respecto el uso de los mismos, o bien porque no dedicamos el tiempo necesario a estudiar los términos y las condiciones de uso de los servicios con los que nos involucramos, o bien porque, aun haciéndolo, la apremiante necesidad de hacer uso de los mismos nos impide dar la importancia debida a la cuestión de la privacidad. En cualquier caso, estos son temas a tener en cuenta y sobre los que reflexionar si queremos, en algún momento, tener una vinculación más sana y segura con la red y con los servicios que conviven en ella.


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