Cojan palomitas: Jordi Cuixart, de 'mártir' y "preso político" a "sicario", "gusano" y "yonqui"

  • Cataluña
  • 10-11-2021 | 21:11
  • Escribe: Daniel Guerra

El independentismo la toma con Jordi Cuixart, antaño 'mártir' del 1-O, que recibe de su propia medicina por dejar de lado la unilateralidad y la violencia




Jordi Cuixart, uno de los líderes golpistas que antaño tenía la consideración de preso político para el independentismo catalán y había resultado casi beatificado, ha pasado a convertirse en poco menos que un apestado después de responder a las palabras de Clara Ponsati, ex consellera de Educación, cobarde y exiliada, en las que afirmaba que Tsunami Democrátic fue una estafa.

El presidente de Omnium lamentó las palabras de Clara Ponsati, en lo que ha supuesto el inicio de una guerra interna entre independentistas. Cojan palomitas, porque esto es lo que va a pasar de aquí en adelante. Todos quieren su parte del pastel y se van a matar entre ellos para conseguirla, pisando a quien haga falta y destrozándose mutuamente.



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La mejor prueba posible la encontramos en los comentarios que los indepes más radicales han dejado en redes sociales contra Cuixart, calificando al anteriormente ídolo separatista con una serie de adjetivos que reflejan la rivalidad existente entre los partidarios de JxCat y los partidarios de ERC, que ven en la realización de un nuevo referéndum pactado por el Estado la clave para lograr el objetivo final de la independencia.



Les adelantamos que no van a conseguirlo ni por las bravas ni por ningún cauce legal porque no existe esa posibilidad, no está prevista en la Constitución Española y a nivel internacional nadie lo aceptará. Pero ver cómo se machacan entre ellos mismos es pura poesía, después de tanto tiempo vendiendo que iban todos a una y que el único enemigo era el opresor Estado español (entiéndase la ironía).

Insultos gravísimos contra Cuixart

Así, en las redes sociales pueden leerse barbaridades contra Cuixart como “burro”, “pirado”, “gusano asqueroso”, “traidor”, “mentiroso”, “estafador”, “botifler”, “payaso”, “desgraciado”, “cocainómano”, “vendido”, “yonqui”, “sicario” o “sinvergüenza”, algunas con más acierto que otras pero todas ellas fruto de lo mismo: la enajenación mental del independentismo.



Lo que está pasando en Cataluña durante los últimos meses es un fiel reflejo de que el procés agoniza. No hay más que ver cómo Puigdemont, uno de los principales interesados en alargar todo esto, ha intentado poner paz de inmediato entre Ponsati y Cuixart. No le conviene una guerra entre ellos porque sabe que al final se le va a acabar viendo el plumero, si es que no se le ha visto bastante ya.

No seremos nosotros los que defendamos a Cuixart, pero resulta cuanto menos curioso que quien defendió hasta las últimas consecuencias el 1-O pagando con la cárcel reciba este trato mientras que los que huyeron de Cataluña para no pagar las consecuencias de sus actos reciben honores como si fueran héroes.



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Es el precio que tiene que pagar Cuixart por haber sido un agitador, por haber sembrado el caso en Cataluña y por haber hecho mucho daño con sus proclamas. Ahora, todo eso se le ha vuelto en contra y recibe de su propia medicina. Y ha dejado de ser un mártir de la noche a la mañana por intentar buscar una alternativa a la unilateralidad, camino que han explorado ya sin éxito los independentistas pero en el que algunos se han anquilosado.

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